Archivos para 17/04/08

17
Abr

Epicuro no demostró que Dios no exista, solo que si existe es un completo gilipollas

Voy caminando por la calle, tan contento, sin ideas asesinas, es un día calmado, uno de los pocos de mi vida y uno de los muy pocos desde que decidí dejar la coca cola por recomendación de mi dentista (antes la bebía como si fuese agua, quién sabe puede que mi naturaleza homicida sea culpa de los nutrientes negros que contiene…). El hecho es que estaba siendo un día normal (a excepción del síndrome de abstinencia del azúcar…), de esos de los de usar y tirar, llego a mi casa dispuesto a tener algo de tranquilidad… ¿Y qué me encuentro? A dos monjas esperándome en la calle, lo que me faltaba, una jodida emboscada bíblica.

Las dos señoras, sudamericanas, llevan un atajo de panfletos sobre una iglesia cercana (que yo no sabía ni que existiese y que debe de estar desierta todos los putos días). Con toda la gente que pasa por la puta calle y no tienen otra cosa que hacer que venir a tocarme a mí los cojones. Supongo que es culpa mía, por tener esta cara de buena persona, la misma que provoca que los turistas siempre me pregunten por donde coño está la Sagrada Familia, y que las mujeres crean que soy un jodido hombro en el que llorar cuando a mí lo que me gustaría es intervenir quirúrgicamente sus ovarios mientras tienen un fluorescente roto metido por el coño.

En fin, así que ahí estoy yo, y ahí están ellas, con el panfleto en la mano.

—Hola señor.

—No me interesa—y levanto una mano como diciendo, vade retro Satanás, pero no funciona.

—Dios es asunto de todos.

Y sigue con el puto folleto extendido. Así que lo cojo, que acabaremos antes y le hecho un vistazo.

—¿Sirven bebidas alcohólicas?

—¿Qué?

—¿Si sirven bebidas alcohólicas?

—Solo el vino de la comunión—explica una de la monjas ofendidas.

—Entonces no puedo ir, intento dejarlo.

Les sonrío con mi cara de pan, arrugo el folleto y lo tiro al suelo mientras me alejo.

—Blasfemo…—ladran por detrás—. Son gente como tú la que más necesita a Dios.

Me golpeo la cabeza, ahora si que las has cagado, que conste que no soy yo, es el síndrome de abstinencia.

—¿Supongo que habéis oído hablar de esa niña pequeña inglesa a la que secuestraron, Madeleine MacCann?

—¿Sí, pobrecita, hemos rezado por ella, pero…?

—Y que les parece la actuación de Dios en el asunto a sus corresponsales directas en la Tierra…

—¿Qué quiere…

—Examinemos las opciones: o bien Dios quiso salvarla y no pudo, en cuyo caso es un completo inútil. O bien Dios pudo salvarla y no quiso, en cuyo caso es un hijo de la gran puta. O bien ni pudo salvarla ni quiso, en cuyo caso, estaríamos hablando de un completo inútil hijo de la gran puta. Y me queda un último caso, no solo no pudo salvarla, no solo nunca tuvo ni puta intención de ayudarla, sino que además fue él el hijo de puta que la secuestró y ahora mismo le está petando el culo en el cielo, en cuyo caso estaríamos hablando un completo inútil hijo de la gran puta, secuestrador, violador y pederasta… elijan la opción que elijan, Dios apesta.

Me miran sin parpadear y yo les sonrío amablemente.

—¿A que ya no me van a dejar entrar en su puta iglesia? Pues sería una pena, porque la posibilidad de que un zombi cósmico judío, que es su propio padre, pudiese hacer que yo viva eternamente en una especie de asilo-celestial-chiqui-park, claro está siempre que me decida comer de su carne simbólicamente, mientras telepáticamente le digo que acepto que él sea mi maestro, ya que solo él puede eliminar una fuerza diabólica que vive en mi alma, porque una maldita zorra fue convencida por una jodida serpiente parlanchina para comer una puta manzana de un oportunista árbol mágico… eso, eso…mierda, eso sería una oportunidad que nadie en su sano juicio debería dejar escapar en esta perra vida (meme de internet dixit).

Doy dos pasos para marcharme, miro al cielo, y me lo pienso mejor.

—Aunque saben, si creyese en esa mierda, optaría por la competencia, joder, setenta y dos vírgenes, son muchas vírgenes, y lo único que tendría que hacer para conseguirlas sería matarlas a las dos y luego tirarme a la vía, ni vida de contención ni pollas… Así que yo me guardaría esos folletos, no vayan a dar malas ideas a quien no deban… hay mucho moro por este barrio, y mucho chiflado hijo de puta también….

Siguen sin moverse y ahora sí que me decido irme. Más me vale volver a la coca o acabaré matando a alguien (y dejando pistas…).

No me cliques.

Te lo advertí.