Archivos para 12/04/08

12
Abr

El infierno está en los sueños

Me despierto, con resaca de nuevo, mierda, con lo que me costó dejar de beber y ya estoy otra vez huyendo, usando el alcohol como flotador. Me miro las manos, la polla, al menos no hay rastro de sangre, aunque me cuesta recordar donde coño estuve anoche.

—¿Hola?

Tampoco hay nadie en la casa, o eso parece, la registro por si acaso. Nadie. Bien.

Voy hasta el lavabo, me enjuago la cara despacio, y cuando me levanto, le/la veo en el espejo.

—Sé que solo eres producto de mi imaginación—le digo.

—Y una mierda.

—Uno/una de verdad nunca diría “y una mierda”.

—A no ser que lo/la tuvieses hasta las pelotas.

—Puede…

Me enjuago la cara de nuevo mientras me grito mentalmente “DESPIERTA, POR FAVOR, DESPIERTA”, lo/la esquivo y voy hasta la cama para echarme en ella, sino puedo despertar, que coño, volveré a dormirme. Por desgracia algo me levanta desde atrás y me estrella contra el armario sin excesivo tacto.

—Sé que he sido yo, saltando hacia atrás, estoy teniendo alucinaciones, puede que ayer consumiese también algún tipo de sustancia psicotrópica, concretamente demasiada cocaína.

Me coge por el cuello elevándome hasta el techo, el/ella es jodidamente alto/alta.

—¿Se puede saber que coño estas haciendo?

—¿Te debo dinero?

El ordenador se enciende, solo, aparece el blog.

—Ah eso… evangelizar.

Algo me golpea en el estomago con una fuerza sobrenatural, me doblo sobre mi mismo y escupo un diminuto torrente de sangre.

—Como se entere tu padre…

—¿Estás seguro/segura de que no tienes pelotas?

—Se supone que tendrías que estar ahí fuera haciendo tu trabajo, tienes veintinueve años y… CERO apóstoles.

—Estoy en ello te lo juro, la próxima vez que vuelvas tendré media docena como mínimo. Montaremos una comunidad hippie y …

Noto esas garras de acero primero sobre mi brazo y luego sobre el anular.

—Tal vez esto te ayude a progresar…

El dedo se rompe y el dolor, intenso, eléctrico recorre el brazo, el hombro, las conexiones sinápticas y finalmente llega al centro director ejecutivo del dolor en el cerebro donde se celebra una apasionada fiesta en mi nombre.

—¡Que te jodan!

—Podría rompértelos todos y no serviría de nada… ¿verdad?

—Más bien no.

Me levanto y vuelvo al lavabo, parezco una jodida pelota de pingo pong y ese hijo/a de puta es la raqueta. Me agacho ante el armario y comienzo a buscar algo con lo que arreglar el puto dedo, pero cuando lo observo con detenimiento descubro que todo está en su sitio, de hecho ni siquiera me duele el estómago.

—¿Qué quieres de mí?

—Ya lo sabes, solo que hagas tu trabajo.

—¿Redimir a la humanidad?

—Para empezar…

—Esos gilipollas no tienen redención posible. Tú no los conoces bien, yo sí, solo hay dos tipos de seres humanos: basura y más basura. Disfrutan despellejándose unos a otros, utilizándose, son la mierda más pútrida de la creación, no podría redimirlos ni aunque les metiese a cada uno de ellos una tonelada de buena voluntad por el culo. Es su naturaleza, cuestión de diseño, yo digo que los dejemos en paz o que los matemos a todos para evitar su sufrimiento, o mejor aun enviémoslos al infierno y que ese atajo de hijos de la gran perra ardan para siempre, en mi opinión no se puede hacer otra cosa.

No levanto la vista porque me imagino la mirada que él/ella debe tener sobre mí ahora mismo, y… es mejor no concretarla.

—Lo intenté, te lo juro, al principio lo intenté, era bueno, tú lo sabes, y empático con el dolor universal y miraba a la humanidad y me embargaba una pena infinita y solo quería ayudarles e intentar crear un mundo mejor. ¿Cuándo hice daño a alguien? ¿Cuándo tuve un mal pensamiento? Todo yo era amor. Pero esos gilipollas comenzaron a retorcerme, sin que yo les hubiese hecho nada, comenzaron a llenarme de veneno, empezando por esa estúpida puta.

—No hables así de la virgen Maria.

—Sería virgen antes de quedarse preñada porque luego… ¿Si no de dónde ha salido mi hermano? A no ser que sea una copia de seguridad encargada por el espíritu santo…

El puñetazo por suerte no se estrella contra mí sino contra la pared provocando una lluvia de racholas y que todo el edificio se mueva unos centímetros hacia la derecha, incluso las alarmas de los coches en la calle se ponen en marcha.

—¡NO BLASFEMES!

—En el fondo la pobre puta me da pena… ¿Existe una putada mejor que quedarte preñada y ser virgen? Y Franco solo llevaba tres años muerto, la pusisteis en un buen brete, no me extraña que me odie. ¿Sabes que una vez intentó bautizarme a lo bestia?

Como respuesta se limita a cogerme por el pelo y a arrástrame por la casa. No parece muy conmovido/a por mi triste historia. Llegamos hasta el diminuto balcón y me alza por el cuello para que pueda ver el área metropolitana en todo su esplendor, aunque me falte el oxígeno.

—Te lo advierto por última vez. Sal ahí fuera y comienza a predicar.

—Me matarán…—consigo decir a duras penas.

—Pues pon la otra mejilla.

—He dicho… me matarán…. no: me abofetearán.

—Si ese es tu destino…

Me suelta para que pueda respirar y se arrodilla ante mi con una expresión que intenta ser comprensiva pero no lo consigue, por algo le llaman el puño de Dios.

—Si ese es mi destino. Que fácil es hablar cuando no es tu culo el que está en juego, solo por curiosidad… ¿A cuantos pardillos habéis enviado aquí abajo? ¿Uno cada 2.000 años?

—Tus hermanos también tuvieron sus dudas, pero al final comprendieron la grandeza de la obra que se les había encomendado y…

—Sí, ya me lo imagino, a base de hostias sagradas vieron la luz… ¡A la mierda! ¡Son basura! Tuvieron su oportunidad pero no hicieron nada más que tocarme los cojones, no quiero y no puedo. Aunque lo intentase tampoco iban a escucharme. La mierda que son les encanta, les fascina revolcarse en ella. No tienen remedio.

—Nadie dice que sea una tarea fácil…

—Pues dame algo. No sé, superpoderes, si pudiese volar todo sería más fácil.

—¿Volar?

—Sí.

—¿Algo más?

—Superfuerza, supervelocidad, poder ser invisible cuando quiera, poder entrar en las mentes de los demás para saber que piensan, poder cambiar su voluntad…

—¿Y… ?

—Un sable láser y poder adoctrinar sobre la religión Jedi en lugar de el cristianismo que, seamos realistas, está algo pasado de moda.

Lo veo venir y ni siquiera me muevo para evitarlo, noto como todos los dientes me bailan en la boca primero hacia un lado, luego hacia el otro, la sangre sale disparada hacia el techo.

—Supongo que ezo ez un no.

Él/ella me toca la boca y los dientes vuelven a su sitio, una mirada suya al techo y la sangre desaparece.

—Esta no es una época cualquiera, es la era del Armaggeddon. ¿Sabes lo que significa eso?

—Una película de Bruce…— rectifico a tiempo—. La batalla definitiva entre el bien y el mal.

—Exacto.

—Solo una pregunta. Si yo soy el bien. ¿Cómo es el mal?

—A veces yo también me hago esa pregunta. Pero supongo que el otro es aun peor…

—¿El otro?

—El anticristo.

—¿Estás seguro/a de que yo no soy el anti? A lo mejor confundisteis en las cunas.

Solo da dos pasos pero es suficiente para que me encoja como un ovillo.

—¿Qué te he dicho sobre blasfemar.?

—Lo siento.

—El destino del mundo está en juego, y por desgracia en tus manos. Jesús, tienes que esmerarte un poco.

Asiento como un niño bueno.

—Buscaré a mis apóstoles.

—Pero no a través de internet.

—De acuerdo.

—Volveré dentro de cuatro años…

—La cita de siempre… como las elecciones.

—Para entonces quiero ver dos cosas, a elegir por ti. O el mundo redimido o tu cadáver colgando de una puta cruz.¿Ha quedado claro?

—Cristalino, iré preparando la cruz…

Abro los ojos, me despierto bañado en sudor, todos mis dientes y huesos están donde deberían estar, camino hacia el lavabo, me miro en el espejo, no hay nadie detrás. Ha sido una pesadilla Bobby. Solo eso… ¿Verdad?