Archivos para 11/04/08

11
Abr

No lo hagáis en casa

Llevo unos días tontos despegado de mi mismo. Me veo desde fuera como si fuese el protagonista de una película eternamente aburrida. Nada tiene sentido y no me importa en absoluto, soy un cubito de hielo andante. Así que cuando A, J, y JL se presentan en mi apartamento para que salgamos a emborracharnos. Me digo: ¿Y por qué no? A lo mejor me ayuda a sentirme un poco más vivo. Solo recuerda no beber demasiado, es peligroso, niños.

En el bar de siempre, para variar, A me presenta a una amiga suya, L, que ambos conocemos de hace ya algún tiempo, según A, L ha estado preguntando por mí (¡vaya que emoción!). No sé que manía le ha entrado a A ahora con encontrarme novia. Le pregunto si le ha contado cuanto gano al mes, porque me las conozco, a las dos y a todas, a mi edad hay que andarse con cuidado, el mundo de los treinta (yo todavía no los tengo pero casi), esta lleno de zorras que buscan apalancarse, se han hartado de follar y buscan al pajarito que les construya el nido, luego tienen un hijo, se divorcian y se lo quedan todo junto a una cuota mensual (y buscan a otro pajarito, pero de este ya no necesitan que sea capaz de construir un nido, solo… otras cosas…). Cuando le pregunto por el tema del sueldo A me mira ofendida y me dice que por supuesto que no y que soy un hijo de puta desconfiado, egoísta, egocéntrico y obsesionado con la traición por culpa de esa puta chiflada de L (la otra L, mi ex) y bla bla bla… (¡ja!), eso es que se lo ha dicho. L aparece en escena sacando partido a todos los trucos femeninos habidos y por haber para llamar la atención, me siento como si me estuviesen soltando un anuncio de televisión a la fuerza con los ojos violados con celo. Las mujeres son expositores andantes a la búsqueda de un buen comprador… ellas no pueden evitarlo y a mi no me interesa (bueno, vale, puede que a mi polla llegue a interesarle en algunos momentos, pero después de una vida ejercitando el autocontrol, si he llegado a aguantarme las ganas de otras cosas, dominar mis ganas de follar es como un juego de niños). Podría follarme a L, pero sería dejarme dominar por ella, darle la razón a su coño, y yo lo que quiero es arrancárselo de cuajo y ponérselo delante para pueda admirarlo en todo detalle, coger la cerveza que hay en mi mano estamparla contra la barra y hacerle una cara nueva para que la muy puta tenga que construirse el nido ella sola con el sudor de su frente y no de su coño. Llegan a excitarme, es cierto, pero odio esas maneras de putas baratas, la manera en la que creen que pueden controlarte solo puniendo la mano sobre el pantalón. La tragedia de los hombres es que hemos sido diseñados para que así sea. Para dominar el mundo nosotros necesitamos soltar hostias a diestro y siniestro, sudar sangre, para dominar el mundo ellas solo necesitan chuparnos la polla.

Abro los ojos y estoy en un coche, veis, eso es lo malo de beber demasiado.

—¿Dónde estoy?

L conduce, podría ser peor…

—¿A dónde vamos?

—A mi casa tonto…

Y vuelve a poner una mano sobre mi polla, está claro que es su truco favorito.

—No creo que sea buena idea…

Intento incorporarme, y lo consigo a medias, estoy muy borracho, demasiado…, desde algún punto coherente de mi cerebro suena una voz de alarma: “SAL DEL COCHE AHORA GILIPOLLAS”. Pero se oye muy bajita.

—Yo creo que sí que es buena idea…—me dice sonriente.

Me encojo de hombros y muestro mi propia sonrisa. Espera y verás como cambias de opinión so puta…

Llegar a su parking, subir en el ascensor mientras L busca algo en mi garganta, yo me dejo hacer y aporto algunos de mis trucos.

—Tienes las manos frías.

—Mi ex me llamaba “el lagarto”. Pero tengo un truco para calentarlas…

Llegamos a su piso, ella abre la puerta yo la cierro, le quito las llaves, me las guardo en el bolsillo.

—¿Me vas a enseñar ese truco?

—¿Qué truco?

—El que usabas para calentarlas.

—Sí, claro…

Alzo la mano y le doy una hostia con todas mis fuerzas. Retrocede dos pasos y se cae al suelo de rodillas. Es fascinante la facilidad con la que la violencia física domina a las mujeres. La gente se extraña cuando aparecen esas mujeres que viven maltratadas durante años, pero lo cierto es hay algún tipo de circuito interno en el cerebro femenino que hace que se vuelvan extremadamente dóciles bajo la violencia. Tan dóciles como gatitos. Digamos que la selección natural no ha premiado a las que se rebotaban.

L me mira, yo la miro a ella.

—Date la vuelta.

—M…

Me agacho junto a ella y le doy otra hostia. Le doy la vuelta le bajo el tanga, le levanto la falda y se la meto por el culo. Me la follo a embestidas, como a mi me gusta, supongo que psicológicamente hablando tiene más de violencia que de sexo, pero… en el ámbito de la mecánica animal sigue siendo follar.

Cuando acabo me echo a un lado con la polla llena de sangre, parece un cuchillo usado, y eso hace que se me vuelva a intentar poner dura otra vez.

L está llorando arrastrándose fuera de mi alcance. Durante todo el show ni si quiera se ha atrevido a gritar… me pregunto si es la primera vez que se la follan sin permiso.

—Podrías denunciarme pero después de llevarme borracho a tu propia casa y de cómo te has portado en el bar ni siquiera A daría un duro por ti… estúpida puta de mierda.

Me pongo en pie, me guardo la polla, que ya está comenzando a dolerme.

Sigue llorando, no dice nada… ¿por qué siempre les da por llorar? Van por ahí provocando, pidiéndolo a gritos, y esperan siempre tener el control, que les jodan…

—No te creas que soy un perro y mi polla la correa. ¡Por que no!

Voy hasta la cocina y cojo un cuchillo, me lo quedo mirando.

M lárgate. Ahora.

Sí, creo que será mejor que me vaya.

Abro la puerta, cojo el ascensor… ¿Oh mierda… y como coño voy a volver a casa? No creo que sea buena idea subir y pedir que me lleven… por cosas como estas no es buena idea beber demasiado, niños… uno hace las cosas y no piensa en las consecuencias…

Me despierto en un banco, son las seis de la mañana. No me va a dar tiempo de ir a trabajar. Me cuesta una buena caminata llegar hasta una estación de metro, y dos pesados trasbordos llegar hasta mi casa, y cuando llego y saco las putas llaves para abrir la puerta, no son las mías.

¡Oh mierda!

Suerte que están en otro bolsillo. Pero tendré que deshacerme de ellas. Oh… mierda.

Me duelen los pies, me duele la polla, me duele la cabeza.

Joder… ¿Quién coño quiere sentir algo cuando puedes ser un cubito de hielo?