De vez en cuando, tal vez porque puso en el buscador “pollas y drogas”, “la polla de mi padre” o “como chantajear a los hombres”, alguna estúpida puta cae por el blog y salta como una perra rabiosa, escandalizada ante lo que escribo, incapaz supongo de soportar que un hombre en lugar de autoflagelarse lance mierda sobre ellas, para variar. Yo lo entiendo, no están muy acostumbradas hoy en día a encontrar a alguien que no se dedique a mendigarles un polvo.
Cuando quieres atacar el argumento de otra persona puedes hacer dos cosas:
A. Razonar una respuesta desmontando los argumentos del contrario.
B. Lanzar mierda sobre él para desacreditarlo.
La opción A se utiliza mayormente cuando posees la capacidad intelectual de razonar, no propia de todos los primates, y mucho menos de todos los homo sapiens, o cuando es posible desmontar el argumento del otro.
La opción B será tu favorita si no sabes argumentar, o sencillamente no existen argumentos a tu favor.
Yo he dicho muchas verdades sobre las mujeres, en este blog y en el otro, pero todavía estoy esperando que aparezca, una, una sola, que intente desmontar lo que digo, en lugar de quejarse de:
1. La ortografía. Sí, ya lo he explicado muchas veces en el blog, siempre suspendía catalán, castellano e inglés, no soy ningún prodigio ortográfico, aparte de que cuando escribo estoy más concentrado en que digo y como lo digo que en la perfecta e impoluta representación ortográfica del contenido, eso lo dejo para los tristes compiladores humanos que repasan mis textos en busca de algún fallo. Con todo, que clase de contrargumentación es esa, si yo digo que “la lúna es rredonda”, la luna seguirá siendo redonda, y si digo “que toidas las mugieres sion unas puïtas”, seguiréis siendo todas unas putas. De todas, formas gracias por hacer de mí un hombre más sabio, ortográficamente hablando al menos.
2. Eres un imbécil, perturbado, misógino, “ponga aquí su insulto particular”. Brillante, un niño de cuatro años no sabría hacerlo mejor.
Yo ni siquiera digo que las mujeres sean inferiores a los hombres, ni peores personas, solo defiendo que son la misma mierda, y que esa imagen de buenos sentimientos altruistas frente a los egoístas cerdos que somos nosotros es mero maquillaje. Lanzo mierda sobre ellas porque para lanzar mierda sobre nosotros ya están los mass-media y las películas de Julio Medem. Las mujeres son animales egoístas y muy putas. ¿Por qué? Porque con las cartas que les dio la naturaleza esa es la partida que deben jugar, no hay nada malo en ello, no hay que avergonzarse de dedicarse al chantaje sexual, los hombres se dedican al chantaje agresivo, no sé que es peor. Y cuando critico la liberación de la mujer, lo creáis o no lo hago por haceros un favor, no digo que haya que volver al pasado, digo que algunas cosas de la liberación no se han hecho bien, como la baja natalidad, y el resultado de esos desastres será el derrumbamiento de la liberación (y de nuestra civilización) bajo el peso de nuestro cariñoso vecino, el Islam.
El problema que tienen hoy en día las mujeres, es que nadie las critica, y nadie les para los pies en sus exigencias desorbitadas, sois niñas mimadas por papá estado y papá media, y el resultado de esa política es toda una generación de estúpidas putas de mierda, y tanta tontería junta al final no puede ser buena, en forma de gran pelota de mierda caerá sobre vuestras cabezas, no solo con vuestra extinción en masa (y la de los hombres que os han dado una oportunidad), sino con la instauración de un nuevo régimen en el que volveréis a ser vacas amaestradas. Si en lugar de chupar todo lo que podéis y más del bote, fueseis capaces de hacer algunos sacrificios por el futuro, de aceptar que se han cometido errores y subsanarlos vosotras (no vale exigir a los hombres que lo hagan), la liberación podría ser perdurable en el tiempo, pero ni siquiera ponéis los ojos en la carretera, conducís a ciegas convencidas de que el mundo entero y la realidad se plegaran a vuestros deseos “porque yo lo valgo, porque se me debe”. Los aliados ganaron la guerra a los nazis, no porque tuviesen razón o no la tuviesen, o fuesen mejores o peores personas, sino porque fueron más eficientes, porque hicieron mejor la guerra, aprendieron de sus errores, tuvieron que sacrificar mucho a cambio, y finalmente ganaron, la justicia, la moralidad de su movimiento no tuvo nada que ver en su victoria. Si la liberación quiere seguir adelante, tiene que ser más eficiente que la dominación del hombre sobre la mujer, sino, no vencerá, punto y pelota.
Lo que tenemos hoy en día en Occidente son adolescentes eternas, estériles y vanidosas, ninguna mujer, la maternidad parece algo pasado de moda, vuestra vida consiste en estar siempre monas y exprimir a los hombres todo lo que podáis o más en un estúpido afán revanchista, todo ello solo da la razón a los imanes que dicen que es mejor tenerlas atadas que sueltas, porque las muy idiotas no están preparadas para la libertad y te destrozan la granja.
En Occidente nadie os critica, no importa las gilipolleces que digáis o hagáis, y vosotras carecéis de la autocritica necesaria, vais por ese camino de perdición directamente hacia el abismo y ni una sola levanta la cabeza para ver qué pasa. ¿Creéis que os odio? Bueno, una parte de mi sí, pero lo creáis o no, también me dais mucha pena. Y cuando os critico, lo hago solo con la ferviente intención de ayudar, o puede que no… puede que en el fondo (y en la superficie) sepa que no vais a cambiar, que sois demasiado estúpidas y bobas para remendar la que habéis armado, y que la mejor forma de conseguir que os deis la gran hostia, es que sean los hombres quienes os adviertan de ella. Puede que simplemente disfrute viendo como incluso advirtiéndoos de hacia dónde os dirigís, vosotras como imbéciles convencidas sigáis por el mismo camino sacando pecho por vuestros continuos errores. Así que la próxima vez que escriba siete párrafos criticando a las mujeres, limitaos a comentar la ortografía, o a llamarme gilipollas, porque son ese tipo de actitudes las que me hacen correrme en los pantalones, la prueba palpitante de que sois demasiado idiotas como para cambiar el rumbo de vuestro barco, no importa que ya se oiga el estruendo del abismo que tenéis delante. ¿Y qué coño? Si en el futuro se tiene que ir a rezar a Alá o al espagueti volador se va y se reza, si a cambio volvemos a tener chachas esclavas…podremos soportarlo. Después de todo, habremos ganado los hombres, otra vez, y ya sabemos que toda victoria requiere sacrificios, solo una maldita zorra espera que venga envuelta en papel de regalo (y de la mano de un hombre).
Es… como ese chiste de: “¿Qué fue lo último que se oyó antes de explotar el Challenger? A la tía de a bordo preguntar: ¿puedo conducir yo?”. Es una bella metáfora del destino de Occidente y de por dónde van los tiros. Advertidas estáis memas. Y avisaros… y que no me hagáis ni puto caso, para que negarlo, me la pone dura. Soy así de pervertido. Un aspecto que siempre me ha fascinado de vosotras es vuestra “habilidad” para saltar a una piscina llena de mierda y cuando os estáis ahogando en ella sacar la cabeza preguntándoos como coño habéis llegado hasta allí (y culpando a algún tío de haberos empujado, claro). Me gusta ver sufrir a las mujeres, no lo voy a negar, pero realmente no necesito hacer nada para ver ese proceso, vosotras solitas sois vuestras mejores torturadoras, empezando por los zapatos de tacón y acabando por todo lo demás. Yo os critico malintencionadamente por vuestro propio bien y vosotras me respondeis insultando y contando acentos… seguid así nenas, eso es lo que me gusta.
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