Entro en el lavabo, me enjuago la cara, me miro en el espejo.
Tranquilo, me digo, aunque sé que no va a servir de nada, siempre he sido muy nervioso, y antes era aun peor, de adolescente y de niño en mi estado de máxima excitación nerviosa me temblaban mucho las manos, ahora lo controlo mejor. Al nerviosismo se le suma o le sigue la ansiedad, me cuesta respirar, comienzo a sudar por todas partes, noto una fuerte opresión en el pecho. Mis emociones siempre han sido como tsunamis, como me gustaría ser 100% esquizoide, eso no es una enfermedad mental, es un chollo.
Calma. Es solo una reunión no una ejecución. Pero no lo soporto, no me gusta ser el centro de atención, que la gente me mire. ¿Y si se dan cuenta? ¿De qué se van a dar cuenta? Nadie puede ver a través de tus ojos, capullo. Cuando tu vida consiste en hacer teatro para todo y para todos, cuando necesitas que el mundo crea que eres “normal”, todo se convierte en ensayo y escena, son los nervios antes de actuar ante el gran público, nada más. A veces tengo miedo de que mi lengua se vuelva gilipollas y en medio de la presentación de los resultados interanuales del análisis estadístico sobre los opinadores de internet se me escape un “me gustaría mataros a todos hijos de puta, de verdad, quemaros vivos, para empezar…”. Fue cuando hicieron limpieza de expedientes en la empresa, había montones de papeles, montañas de papeles, tantos papales que apenas se podía pasar, por todas partes, yo siempre llevo una caja de cerillas encima (digamos que me gusta quemar cosas), tuve que ahorrármela durante toda una semana, la tentación era demasiado grande. Aquello habría prendido de forma enloquecedora, me habría corrido en los pantalones solo de verlo, pero me daba palo ir a buscar otro trabajo, y con mis aumentos de sueldo y mi monitor mirando a la pared… habría tardado en encontrar otro chollo como este… aunque me habría gustado ver arder a todos estos cabrones.
Miro a los ojos del espejo, esos ojos verdes envueltos por esa cara de pan, lo único maligno en mi rostro es la mancha en forma de galaxia rojiza en mi ojo izquierdo, un recuerdo de cuando estuve a punto de… ahogarme. C, un compañero de trabajo dice que me da aspecto de loco psicópata, puse mis dos dedos a cada extremo de la mesa y le dije: “si un psicópata está aquí, yo estoy allí”, por si acaso.
Oigo la puerta del lavabo de las “chicas”, son dos, cuatro tacones. No sé si se han dado cuenta, pero desde el lavabo de los hombres se puede oír hasta cuando se repasan el coño con papel higiénico.
—Pues se ha recuperado muy bien, yo nunca la habría puesto en la lista de madres.
—Aún y así tendrá el coño del tamaño del túnel del AVE, por eso no encuentra novio.
—¿Qué dices?
—Cuando das a luz el coño se te queda así de grande, y para siempre nena, su polla ira rebotando contra tus paredes sin que ninguno de los dos sienta nada, adiós a tu vida sexual. Por eso los matrimonios son tan aburridos, aunque siempre te queda dejar que te den por el culo.
—Que guarra eres.
—La que más.
Risas.
Me encanta oír a las mujeres a escondidas, se entera uno de cada cosa. ¿Será una leyenda urbana?
—Ahora anda detrás de todos los tíos de la oficina con la excusa del café a ver si alguno cae.
Hostia puta. X es madre. X tiene el coño grande. X quiere que me encargue de su bastardo y de ella. Y encima no me gusta el café.
—Oye M, que llegamos tarde.
C no entra en el lavabo, simplemente abre la puerta y habla a través de ella, me siento como si me hubiese pillado con la polla en la mano. ¿Se oirá también el de los hombres desde su posición?
—¡Ya voy!—murmuro activando el secador.
Salgo al brillante exterior con sus paredes de cristal y la idílica luz del sol iluminándolo todo con una calma falsa antes de la tempestad, me hago un poco de sitio en la corbata. De nada sirve esperar. ¡Es la hora! ¡A la carga!
—Vamos.
—No te preocupes ya hablaré yo casi todo el rato, tú encárgate de los gráficos.
C, es un buen chaval, de verdad, pero su actitud paternalista a veces enciende todas mi alarmas. Supongo que siempre pienso lo peor de los demás, pero…
—Iremos a medias.
Yo creo que quiere petarme el cacas.
Caminar hasta la sala de reuniones, el portátil preparado, todo listo, los jefes a la escucha. Respiro hondo… y dejo que empiece C.
Bla, bla, bla… mientras C habla sobre la opinión que los internautas tienen sobre nuestros deleznables y timadores servicios yo pienso en X y en su retoño… ¿Cuántos años tendrá? ¿Es un bebé? No puede ser, tendría la baja por maternidad, como mínimo debe de estar en la guardería. ¿Cuántos años tiene X? A lo mejor le pasa como a mí que parece más joven de lo que en realidad es. Como mucho puede tener treinta, madre a los 27… tampoco es tan raro… madre soltera. Se sentirá insegura en este malvado mundo de mierda (pobrecita…) y necesita un hombre que la ayude a llevar la terrible responsabilidad de su maternidad (pobrecito…), un papa para su hijito y para ella (desgraciado al completo), seguro que está dispuesta a tragar con cualquier cosa, con su coño gigante como anodina trampa mortal, me apuesto 5 € a que la chupa en la primera cita para compensar. Nunca me he follado a una madre así que no sé si es verdad… ¿Será parecido a remover una cazuela? Después de todo un niño pasó por ahí, y un niño es mucho más grande que mi polla (y que la tuya).
Oigo un tosido y C me mira fijamente, o quiere petarme el cacas ahora o es mi turno para hablar. Me aclaro la garganta y empiezo. Al final voy a hacer solo los gráficos, soy un mierda y me siento como una puta, pero…
El grafico muestra dos galaxias, una roja, de opiniones malas (y malvadas) y una multicolor de opiniones entre buenas y regulares. Ambas galaxias tienen dos “sombras” color cian, proyecciones sobre un suelo imaginario, que son los indecisos. Como muestra claramente el confuso gráfico mi trabajo consiste en computar gilipolleces. Me encanta. Si mi trabajo consistiese en hacer algo con un mínimo de sentido común creo que me volvería majara al apretar la primera tecla.
—Las opiniones negativas se concentran en el espectro de las frases cortas y baja corrección ortográfica… bla bla bla….blaaaaaaaa
Les digo lo que quieren oír, que los usuario cultos e inteligentes están contentos con nuestro servicio y los garrulos son los únicos que protestan pero que no es culpa “nuestra” sino de la naturaleza gilipollas del usuario medio propiamente dicho. No sé si es verdad ni me importa, pero el gráfico me quedó chulo con esas hipótesis, me gusta la galaxia roja avanzando a través del espacio vacío de las no opiniones con la galaxia tutifruti a su lado. La galaxia roja me recuerda a mi ojo, y si esa no es razón para quedarse con esa solución al problema no se cual podría ser (sí, me pagan por hacer esto, y mucho). Es una pena que mi responsabilidad sea tan mínima, estoy seguro de que como presidente y con mi potencial sería capaz de enviar toda la empresa a la mierda en un par de semanas, y al país en un mes…. ¡primero Polonia y luego el mundo!
Acabo mi discurso y espero que todos me aplaudan, cosa que no ocurre pero al menos el jefe nos felicita por un trabajo bien hecho. No lo soportaría sino lo hiciese, si me hubiese dicho: “eh, esto es una mierda… ¡crees que no me he dado cuenta jodido gilipollas!”, me habría echado a llorar. No aguanto el rechazo, que me miren mal, aunque me lo merezca, todo el mundo debería amarme (en un sentido maternal, no físico), y lamerme las pelotas (de nuevo, en un sentido metafísico). Si hay dos corrientes psíquicas predominantes en mi vida esas son “todos tenéis que quererme” y “yo os odio a todos hijos de puta”, nacidas de mi kafkiana infancia entre el niño que solo quería que su madre lo amase, y el niño que solo quería despellejar viva a aquella maldita zorra y hacerse un chándal con ella…
—No lo hemos hecho mal… del todo—confieso al salir.
—No, se la hemos metido doblada con tu cuadro abstracto de las galaxias… ¿Te vienes a tomar un café?
Qué coño le pasa a todo el mundo con el café.
—No. Ya sabes que no me gusta el café.
—Te puedes beber una coca cola.
—Me siento como un estúpido bebiendo una coca cola rodeado de gente que bebe café.
—Eres una antisocial.
Y tu un gayer.
—Encuentra a otro para tomar el café…
Cojo el ascensor para volver a mi oficina y allí esta ella con sus impresos, seguramente con la matricula de su hijo en la mano. X, con su dorada cabellera rubia, sus gafas rosas de marca y… ¿un coño enorme?
—Hola—dice, y creo oír un eco viniendo de su falda, pero puede que sea yo.
Me limito a saludarla con la cabeza intentando no bajar la vista y entrar en el ascensor.
—¿Te ocurre algo? Tienes mala cara.
Es por las reuniones me sientan mal y por la perspectiva de tu coño gigantesco embutido entre tus piernas, de repente se me ocurre intentar meterme por él abriéndome paso con una taladradora electica, a ver que encuentro, pero no espera… que tengo una idea mejor.
—Una mala noche, mi hermano… está casado (mentira), y me ha dejado a mi sobrino (¿qué sobrino? mentira) para que me encargue de él un par de días (meeentira), su suegra está en el hospital y andan los dos por allí (mentira sobre más mentiras).
—¿Y qué tal se te da ser padre por dos días?—pregunta sonriente.
—Horrible, odio a eso pequeños bastardos (es mentira…, me apiado bastante de ellos, aunque sean unos diminutos hijos de perra), no literalmente, es una forma de hablar claro,—yo sonrío pero ella ya no—, pero es que no saben más que dar por culo con la puta consola y sus exigencias, no me extraña que la natalidad haya bajado en picado, si puedes elegir porque joderte la vida así, pero bueno, mi hermano es que así de gilipollas.
Espero dos segundos a que cierre la boca.
—Por cierto hoy si que puedo ir a tomar ese café.
—Ah… —sonríe incomoda—. Hoy soy yo quien tiene trabajo.
—Vaya…—qué curioso—otro día será entonces…
—Otro día…
Las puertas del ascensor se abren y X sale disparada sin mirar atrás…. ¿Quién dijo que las mujeres eran complicadas? Yo las veo venir a un año luz de distancia (o más… si logro espiarlas en el lavabo).
Cuando llego a mi asiento ya me arrepiento de haberla espantado. Me dan morbo esas gafas rosas, su cara de niña inocente (que inocente va a ser si es madre, ¡y tiene un coño enorme! Ha sido penetrada por la cabeza de su hijo… ¡desde dentro!). Pero no iba a funcionar, ella empezaría con sus exigencias y yo con mis impulsos homicidas… ¿Qué futuro tenemos juntos? Ni si quiera la quiero, solo me pone algo tonto. Y el niño, eso lo complica todo… ¿por qué? Podrías educar a un pequeño beelzebito, de ahí saldría un Hitler como poco, ¿y si es niña? Concentrate en tu cabeza M, primero tienes que ponerte bien, luego… te complicas la vida con zorras manipuladoras y sus bastardos sin padre.
Pero si nunca voy a ponerme bien.
Meeeeejooor…
PD: regalo.jpg
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