Archivos para Febrero 2008

28
Feb

Coños, galaxias, cafés y mentiras

Entro en el lavabo, me enjuago la cara, me miro en el espejo.

Tranquilo, me digo, aunque sé que no va a servir de nada, siempre he sido muy nervioso, y antes era aun peor, de adolescente y de niño en mi estado de máxima excitación nerviosa me temblaban mucho las manos, ahora lo controlo mejor. Al nerviosismo se le suma o le sigue la ansiedad, me cuesta respirar, comienzo a sudar por todas partes, noto una fuerte opresión en el pecho. Mis emociones siempre han sido como tsunamis, como me gustaría ser 100% esquizoide, eso no es una enfermedad mental, es un chollo.

Calma. Es solo una reunión no una ejecución. Pero no lo soporto, no me gusta ser el centro de atención, que la gente me mire. ¿Y si se dan cuenta? ¿De qué se van a dar cuenta? Nadie puede ver a través de tus ojos, capullo. Cuando tu vida consiste en hacer teatro para todo y para todos, cuando necesitas que el mundo crea que eres “normal”, todo se convierte en ensayo y escena, son los nervios antes de actuar ante el gran público, nada más. A veces tengo miedo de que mi lengua se vuelva gilipollas y en medio de la presentación de los resultados interanuales del análisis estadístico sobre los opinadores de internet se me escape un “me gustaría mataros a todos hijos de puta, de verdad, quemaros vivos, para empezar…”. Fue cuando hicieron limpieza de expedientes en la empresa, había montones de papeles, montañas de papeles, tantos papales que apenas se podía pasar, por todas partes, yo siempre llevo una caja de cerillas encima (digamos que me gusta quemar cosas), tuve que ahorrármela durante toda una semana, la tentación era demasiado grande. Aquello habría prendido de forma enloquecedora, me habría corrido en los pantalones solo de verlo, pero me daba palo ir a buscar otro trabajo, y con mis aumentos de sueldo y mi monitor mirando a la pared… habría tardado en encontrar otro chollo como este… aunque me habría gustado ver arder a todos estos cabrones.

Miro a los ojos del espejo, esos ojos verdes envueltos por esa cara de pan, lo único maligno en mi rostro es la mancha en forma de galaxia rojiza en mi ojo izquierdo, un recuerdo de cuando estuve a punto de… ahogarme. C, un compañero de trabajo dice que me da aspecto de loco psicópata, puse mis dos dedos a cada extremo de la mesa y le dije: “si un psicópata está aquí, yo estoy allí”, por si acaso.

Oigo la puerta del lavabo de las “chicas”, son dos, cuatro tacones. No sé si se han dado cuenta, pero desde el lavabo de los hombres se puede oír hasta cuando se repasan el coño con papel higiénico.

—Pues se ha recuperado muy bien, yo nunca la habría puesto en la lista de madres.

—Aún y así tendrá el coño del tamaño del túnel del AVE, por eso no encuentra novio.

—¿Qué dices?

—Cuando das a luz el coño se te queda así de grande, y para siempre nena, su polla ira rebotando contra tus paredes sin que ninguno de los dos sienta nada, adiós a tu vida sexual. Por eso los matrimonios son tan aburridos, aunque siempre te queda dejar que te den por el culo.

—Que guarra eres.

—La que más.

Risas.

Me encanta oír a las mujeres a escondidas, se entera uno de cada cosa. ¿Será una leyenda urbana?

—Ahora anda detrás de todos los tíos de la oficina con la excusa del café a ver si alguno cae.

Hostia puta. X es madre. X tiene el coño grande. X quiere que me encargue de su bastardo y de ella. Y encima no me gusta el café.

—Oye M, que llegamos tarde.

C no entra en el lavabo, simplemente abre la puerta y habla a través de ella, me siento como si me hubiese pillado con la polla en la mano. ¿Se oirá también el de los hombres desde su posición?

—¡Ya voy!—murmuro activando el secador.

Salgo al brillante exterior con sus paredes de cristal y la idílica luz del sol iluminándolo todo con una calma falsa antes de la tempestad, me hago un poco de sitio en la corbata. De nada sirve esperar. ¡Es la hora! ¡A la carga!

—Vamos.

—No te preocupes ya hablaré yo casi todo el rato, tú encárgate de los gráficos.

C, es un buen chaval, de verdad, pero su actitud paternalista a veces enciende todas mi alarmas. Supongo que siempre pienso lo peor de los demás, pero…

—Iremos a medias.

Yo creo que quiere petarme el cacas.

Caminar hasta la sala de reuniones, el portátil preparado, todo listo, los jefes a la escucha. Respiro hondo… y dejo que empiece C.

Bla, bla, bla… mientras C habla sobre la opinión que los internautas tienen sobre nuestros deleznables y timadores servicios yo pienso en X y en su retoño… ¿Cuántos años tendrá? ¿Es un bebé? No puede ser, tendría la baja por maternidad, como mínimo debe de estar en la guardería. ¿Cuántos años tiene X? A lo mejor le pasa como a mí que parece más joven de lo que en realidad es. Como mucho puede tener treinta, madre a los 27… tampoco es tan raro… madre soltera. Se sentirá insegura en este malvado mundo de mierda (pobrecita…) y necesita un hombre que la ayude a llevar la terrible responsabilidad de su maternidad (pobrecito…), un papa para su hijito y para ella (desgraciado al completo), seguro que está dispuesta a tragar con cualquier cosa, con su coño gigante como anodina trampa mortal, me apuesto 5 € a que la chupa en la primera cita para compensar. Nunca me he follado a una madre así que no sé si es verdad… ¿Será parecido a remover una cazuela? Después de todo un niño pasó por ahí, y un niño es mucho más grande que mi polla (y que la tuya).

Oigo un tosido y C me mira fijamente, o quiere petarme el cacas ahora o es mi turno para hablar. Me aclaro la garganta y empiezo. Al final voy a hacer solo los gráficos, soy un mierda y me siento como una puta, pero…

El grafico muestra dos galaxias, una roja, de opiniones malas (y malvadas) y una multicolor de opiniones entre buenas y regulares. Ambas galaxias tienen dos “sombras” color cian, proyecciones sobre un suelo imaginario, que son los indecisos. Como muestra claramente el confuso gráfico mi trabajo consiste en computar gilipolleces. Me encanta. Si mi trabajo consistiese en hacer algo con un mínimo de sentido común creo que me volvería majara al apretar la primera tecla.

—Las opiniones negativas se concentran en el espectro de las frases cortas y baja corrección ortográfica… bla bla bla….blaaaaaaaa

Les digo lo que quieren oír, que los usuario cultos e inteligentes están contentos con nuestro servicio y los garrulos son los únicos que protestan pero que no es culpa “nuestra” sino de la naturaleza gilipollas del usuario medio propiamente dicho. No sé si es verdad ni me importa, pero el gráfico me quedó chulo con esas hipótesis, me gusta la galaxia roja avanzando a través del espacio vacío de las no opiniones con la galaxia tutifruti a su lado. La galaxia roja me recuerda a mi ojo, y si esa no es razón para quedarse con esa solución al problema no se cual podría ser (sí, me pagan por hacer esto, y mucho). Es una pena que mi responsabilidad sea tan mínima, estoy seguro de que como presidente y con mi potencial sería capaz de enviar toda la empresa a la mierda en un par de semanas, y al país en un mes…. ¡primero Polonia y luego el mundo!

Acabo mi discurso y espero que todos me aplaudan, cosa que no ocurre pero al menos el jefe nos felicita por un trabajo bien hecho. No lo soportaría sino lo hiciese, si me hubiese dicho: “eh, esto es una mierda… ¡crees que no me he dado cuenta jodido gilipollas!”, me habría echado a llorar. No aguanto el rechazo, que me miren mal, aunque me lo merezca, todo el mundo debería amarme (en un sentido maternal, no físico), y lamerme las pelotas (de nuevo, en un sentido metafísico). Si hay dos corrientes psíquicas predominantes en mi vida esas son “todos tenéis que quererme” y “yo os odio a todos hijos de puta”, nacidas de mi kafkiana infancia entre el niño que solo quería que su madre lo amase, y el niño que solo quería despellejar viva a aquella maldita zorra y hacerse un chándal con ella…

—No lo hemos hecho mal… del todo—confieso al salir.

—No, se la hemos metido doblada con tu cuadro abstracto de las galaxias… ¿Te vienes a tomar un café?

Qué coño le pasa a todo el mundo con el café.

—No. Ya sabes que no me gusta el café.

—Te puedes beber una coca cola.

—Me siento como un estúpido bebiendo una coca cola rodeado de gente que bebe café.

—Eres una antisocial.

Y tu un gayer.

—Encuentra a otro para tomar el café…

Cojo el ascensor para volver a mi oficina y allí esta ella con sus impresos, seguramente con la matricula de su hijo en la mano. X, con su dorada cabellera rubia, sus gafas rosas de marca y… ¿un coño enorme?

—Hola—dice, y creo oír un eco viniendo de su falda, pero puede que sea yo.

Me limito a saludarla con la cabeza intentando no bajar la vista y entrar en el ascensor.

—¿Te ocurre algo? Tienes mala cara.

Es por las reuniones me sientan mal y por la perspectiva de tu coño gigantesco embutido entre tus piernas, de repente se me ocurre intentar meterme por él abriéndome paso con una taladradora electica, a ver que encuentro, pero no espera… que tengo una idea mejor.

—Una mala noche, mi hermano… está casado (mentira), y me ha dejado a mi sobrino (¿qué sobrino? mentira) para que me encargue de él un par de días (meeentira), su suegra está en el hospital y andan los dos por allí (mentira sobre más mentiras).

—¿Y qué tal se te da ser padre por dos días?—pregunta sonriente.

—Horrible, odio a eso pequeños bastardos (es mentira…, me apiado bastante de ellos, aunque sean unos diminutos hijos de perra), no literalmente, es una forma de hablar claro,—yo sonrío pero ella ya no—, pero es que no saben más que dar por culo con la puta consola y sus exigencias, no me extraña que la natalidad haya bajado en picado, si puedes elegir porque joderte la vida así, pero bueno, mi hermano es que así de gilipollas.

Espero dos segundos a que cierre la boca.

—Por cierto hoy si que puedo ir a tomar ese café.

—Ah… —sonríe incomoda—. Hoy soy yo quien tiene trabajo.

—Vaya…—qué curioso—otro día será entonces…

—Otro día…

Las puertas del ascensor se abren y X sale disparada sin mirar atrás…. ¿Quién dijo que las mujeres eran complicadas? Yo las veo venir a un año luz de distancia (o más… si logro espiarlas en el lavabo).

Cuando llego a mi asiento ya me arrepiento de haberla espantado. Me dan morbo esas gafas rosas, su cara de niña inocente (que inocente va a ser si es madre, ¡y tiene un coño enorme! Ha sido penetrada por la cabeza de su hijo… ¡desde dentro!). Pero no iba a funcionar, ella empezaría con sus exigencias y yo con mis impulsos homicidas… ¿Qué futuro tenemos juntos? Ni si quiera la quiero, solo me pone algo tonto. Y el niño, eso lo complica todo… ¿por qué? Podrías educar a un pequeño beelzebito, de ahí saldría un Hitler como poco, ¿y si es niña? Concentrate en tu cabeza M, primero tienes que ponerte bien, luego… te complicas la vida con zorras manipuladoras y sus bastardos sin padre.

Pero si nunca voy a ponerme bien.

Meeeeejooor…

PD: regalo.jpg

24
Feb

Otro día menos

X se me acerca desde atrás como hace siempre, mira la pantalla por encima de mi hombro, me pregunta algo que no logro entender, yo me quedo mirando su cuello un instante, luego saltó hacia delante y hundo los dientes en él, siento el sabor de la carne, la sangre, el grito de X rebotando por la oficina, su mano contra mi hombro intentando apartarme. Mis compañeros de trabajo se levantan corriendo hacia mí, a puñetazos logran que la deje escapar y me arrastran fuera de la sala mientras no dejo de mirarla, tumbada en el suelo en un charco de su propia sangre. En el hilo musical comienza a sonar Doomsday Clock de Smashing Pumpkins, cada vez más alto, hasta que logra despertarme.

Levanto la mano y le doy una hostia al móvil, que cae al suelo pero sigue sonando, lo abro y quito la alarma, miro la hora. Son las 7:30 ¿Qué hora esperabas que fuese? Odio levantarme por la mañana, es el momento más odioso del día, por culpa de mi insomnio hay días en los que no he podido cerrar ojo hasta las tres. El sueño y el cansancio me duran un par de días hasta que al tercero me derrumbo al llegar a casa y duermo dieciséis horas seguidas. Hoy no es uno de mis días de suerte, la última vez que mire el reloj eran las 3:30. Solo quiero morirme o dormirme, pero de todas formas hago el esfuerzo de levantarme, ir hasta el lavabo, esperar a que se me reblandezca la polla lo suficiente para mear, sacudírmela, lavarme la cara (creo que no debería hacerlo en ese orden).

Mis sueños nunca son retorcidos, difíciles de entender, suelen ser bastante “peliculeros”, con su guion y todo. La mayoría de la gente no los recuerda o no les hace mucho caso, pero yo por defecto existencial, tras pasarme toda la adolescencia rebuscando en ellos, lo primero que hago al abrir los ojos es recordar que ha pasado durante la noche. Se podría decir que vivo dos vidas, una dormido y otra despierto. A veces puedo recordar incluso tres o cuatro, seguidos. Los hay más esotéricos, complejos, ridículos, pero todos son bastante coherentes: prácticamente todas las noches sueño con matar a alguna ramera que conozco, de alguna u otra forma, con o sin violación. De adolescente me atormentaba bastante soñar esas cosas, pero con el tiempo lo superas y te aceptas a ti mismo (puede que yo sea asqueroso pero no menos que tú). Más atrás en el tiempo los sueños que recuerdo eran más “simbólicos”, pero tampoco mucho, mi censura psíquica nunca se ha estrujado las neuronas a la hora de ocultarme quien soy. Uno de los repetidos de mi infancia es el de los leones, yo y Helena, corriendo, unos leones detrás de nosotros, corremos hacia un árbol, yo logro subirme, ella también pero se resbala y cae. Recuerdo haberme levantado empapado en sudor, con una fuerte sensación de opresión en el pecho, recordando perfectamente los gritos de ella y como yo clavaba las uñas en el árbol intentado negar que eso estuviese pasando. Me sentía realmente aliviado cuando descubría que solo había sido una pesadilla. Solo mucho más tarde comprendí que en el sueño el soñador tiene control absoluto, Helena no se caía del árbol, yo la tiraba, y esos leones… no era leones, solo uno, de dos patas.

Lo cierto es que mi mundo onírico no está nada mal, es mucho mejor que lo que echan por la tele, allí yo soy Dios, y si quiero arrancar la yugular a mi compañera de trabajo lo hago, y sin malas consecuencias. El mundo real por el contrario, apesta, y está repleto de responsabilidades que odio, y de situaciones sin control absoluto por mi parte, lo cual es intolerable.

Desde el lavabo vuelvo a la habitación, busco la ropa tirada por encima de todas partes. Tengo que reconocer que no soy muy… pulcro, es una venganza contra la gran puta, de niño siempre me hacia tenerlo todo ordenado, por eso ahora soy un desastre, he tirado toda su educación por el wáter. Me visto deprisa, las llaves, la cartera, el móvil, no necesito nada más excepto desayunar lo primero que encuentre en la cocina, generalmente restos de la cena del día anterior. Hoy son unos panini de queso resecos, da igual… todo es comida.

Bajo en el ascensor bostezando, examinando mi rostro cansado en el espejo. ¿Por qué sigo pareciendo un niño? Muy pronto tendré treinta y en el trabajo los novatos me confunden con un becario, supongo que es inevitable, una parte de mi inmadurez emocional se ha contagiado a mi cuerpo.

Me abro camino hasta la calle, es de noche, hace frio, tengo sueño. ¿Y por qué coño voy a trabajar? Pues porque es lo que es supone que debo hacer. Por el dinero, aunque no gasto demasiado, no soy un consumista exacerbado, y las cosas que me gustaría tener son gratis pero no puedo tenerlas. “Hay que ser responsable, de algo hay que vivir…”, bla, bla bla. Aunque al principio pensé que se me haría más pesado, con el tiempo he ido cogiéndole el gusto, me han ido subiendo el suelo, contra más sé más fácil me es. Ha llegado un momento en el que solo trabajo la mitad de la jornada, la otra mitad me la paso disimulando, escribiendo, por suerte la veteranía tiene un precio y mi ordenador es uno de los pocos que da a la pared, con tener listo el alt+tab basta. ¿Y si no trabajase en que gastaría mi tiempo? ¿En volverme aún más loco? Es importante en esta vida saber distraerse de uno mismo, sobre todo cuando lo que hay dentro de ti es una hrydra de siete cabezas.

Camino hasta el metro, una distancia considerable pero eso que me ahorro de gimnasio. Además me gusta caminar, en la “vinya” solía buscar una colina con la mirada e intentar llegar hasta ella, por supuesto nunca llegaba, pero el camino me hacía sentirme libre, dueño de mi mismo, me gustaban los ruidos del bosque, aunque fuese un bosque tan reseco y poco exuberante como el mediterráneo, el olor del campo, el suelo irregular, escalar y volver a bajar cogido a las raíces, como un animal salvaje. Admiro el paisaje poligonal que me rodea y veo en ello la marca de la bestia de cemento, el gran zoo de los humanos para los humanos. No debí nacer en esta época, creo que soy un modelo antiguo, desfasado, ineficiente para los tiempos que corren, no es que se me dé mal el presente, que también, es que no me gusta, lo odio. Yo nací para ser un agricultor, para ver crecer patatas, como mi padre, como mi abuelo, y todos mis putos antepasados, y en lugar de eso me gano la vida escribiendo letras sobre una pantalla, dirigiendo bits, cerrando y abriendo puerta lógicas en una prisión de asfalto, es tan antinatural que da miedo. Todo lo que nos rodea es antinatural, opresivo, malicioso. La gran máquina gira a mí alrededor observándome de reojo con disgusto. Ojalá pudiese destruirla, detenerla, asesinarla, pero nadie puede, ya no, nuestra civilización es un monstruo con vida propia, se alimenta de nuestra sangre, y ya ni siquiera nos necesita, de hecho nos está substituyendo por otros. Cuando llego al metro y subo al vagón hay tres musulmanas con dos carritos con niño junto a su vigilante pakistaní, es como la invasión de los ultracuerpos… pero qué más da.

Me entretengo analizando a los pasajeros, como hago siempre. Me fijo sobre todo en ellas, universitarias con su carpetita, putas creídas e indolentes, las dos uniputas visten como estrellas del pop, una incluso lleva gafas de sol, en el metro. ¡Viva la estética! Fantaseo con la idea de que el pakistaní a su lado sea un terrorista islámico, una hipótesis no demasiado maquiavélica hoy en día, detuvieron a unos hace poco por tan buena idea. ¿Cómo sería la explosión en el ambiente cerrado del metro? Imagino una bola de fuego llegando a mí desde el vagón siguiente, una muerte rápida y aburrida. Mentalmente me comunico con Alá y le cuento que puede lamerme las pelotas, así si el pakistaní resulta ser uno de sus heraldos suicidas no me volaran el culo por nada. Pensándolo mejor, sería más divertido que la bomba estuviese en el otro extremo del convoy y fuese poco potente, así descarrilaríamos y el metal hecho pedazos iría amputando miembros a los pasajeros en una cómica orgía de sangre, tal vez incluso me diese tiempo a verlo a cámara lenta, las cabezas de las dos putas universitarias frente a mi rodando por el suelo como pelotas de fútbol… ¿Seguirían las gafas de sol en su sitio? No puedo evitar sonreír ante la idea. Vuelvo a hablar con Alá para explicarle que su madre era una cerda (literalmente) y su padre un católico borracho y calzonazos. Si esa no es razón para que envíe a uno de sus chiflados no sé qué coño necesita ese hijo de puta para actuar, ha derribado edificios repletos de gente por menos. Las puertas se abren y es mi parada. Tal vez las bombas estén en los carritos (es su cultura, hay que respetarla…), pero si esos paletos de mierda van a dinamitar el metro lo van a hacer sin mí… Es por estas cosas por las que no soy creyente, hablas con Dios y no sirve para una puta mierda.

Parada. Trasbordo. Parada. Salir a la naciente luz del sol. Barcelona en todo su egocéntrico esplendor esperando a ser follada. Caminar hasta el trabajo, saludar al guarda de seguridad, saludar al conserje, saludar a los compañeros que encuentro en el ascensor. Llegar a mi puesto, saludar a mis compañeros de oficina. Hola, buenas, hola, sentarme en el ordenador. Nadie diría que estoy como una puta cabra.

Primero trabajo, para que el mundo gire, luego me toco las pelotas, para que no lo haga demasiado. Compro la última novedad en psicología del momento: “psicología de la personalidad”, por no sé quién y no sé quien más, americanos, nunca aprendo nada porque los cabrones no tienen nada que enseñar pero es como un vicio, en mi época de instituto mi material de lectura escondido no eran revistas porno sino Freud, además quien sabe… puede que algún día realmente encuentre una cura. Que me queda sino intentarlo, mi retorcida mente es un coñazo y mi sueño es llegar a la domesticación total de mi mismo, ser el primer humano en arrancar todas esas estúpidas emociones e impulsos indeseados que son como la mala hierba y convertirme en el señor de mi mente, en el dueño de mi propia alma, casi nada, estúpido hijo de perra…

Alguien se acerca. Alt Tab y ya está el código de nuevo en pantalla. Estoy trabajando. ¿Lo ves? El intruso es X, primero se pone detrás de mí como hace siempre, luego agacha la cabeza. Odio cuando la gente hace eso, me hace sentir indefenso, espiado.

—¿Vienes a tomar un café?

Intento no mirar su cuello. X no me cae especialmente mal, no es una puta creída, no espera que el 90% del personal masculino de la oficina le haga el trabajo, es inteligente, esta buena y no se viste como una actriz porno. Dentro del abanico de putas que forman las mujeres se podría decir que es de lo mejor que te puedes echar a la cara. A pesar de ello, yo solo puedo pensar en matarla, soy incorregible.

—No… tengo trabajo.

—No te creo. Muchas veces me pregunto qué haces tecleando tanto…

—¿Trabajar?

—Seguro…—ríe—¿Vienes o qué?

Sonríe, parpadea, inclina la cabeza, todos esos pequeños gestos mecánicos diseñados para seducir, pero que a mí solo logran encabronarme, provocarme. No es culpa de X, no es culpa mía, sencillamente estoy hecho así. Sí pudiese elegir entre vivir a su lado el resto de mi vida y aplastarle la cabeza con un martillo neumático el cuerpo me pediría lo segundo. Todo ese veneno, todo ese odio, contenido dentro de mí, no puedo limpiarlo, olvidarlo, deshacerme de él, forma parte de mi carne desde siempre, llega hasta las raíces del alma. Para arrancarlo tendría que arrancar al árbol de mi pensamiento entero: quieren que las quiera pero no han sabido quererme, quieren que las cuide pero no han sabido cuidarme, que las respete y no han sabido respetarme, mentirosas, vanidosas, egoístas, zorras… La miro y solo veo una puta inútil con su coño en una bandeja y la mano de pedir en la otra, y la odio con toda mi alma por ser solo eso. Las mujeres se supone que tenían que ser la razón por la que merezca la pena vivir, y resulta que son solo parte de la mierda antiestética e insoportable que nos rodea. La miro y deseo hacerla pedazos, castigarla porque representa todo lo que encuentro despreciable en este mundo, todo lo que me ha fallado, desilusionado, decepcionado, todo lo que me ha intentado usar, controlar, todo lo que ha disfrutado viéndome sufrir y ni si quiera me ha dado el derecho a quejarme, todo lo que he amado innecesariamente sin que se lo mereciese, todo lo que me ha traicionado desde el mismo instante en el que atravesé las paredes de una de sus putas vaginas. La miro y siento el calor de cada bofetada de mi madre, la miro y veo la sonrisa humillante de Carolina, la miro y siento el egoísta vacio emocional de L creyéndose que su coño valía su peso en oro (como todas) y esperando que yo me desviviese por ella y sus jodidos problemas a cambio de follar cuando ella nunca movió un dedo por mí. Todo ese veneno asciende por la garganta y quiero escupírselo en la cara, y arrancarle los parpados a mordiscos para que tenga que mirar mientras le abro mi alma y le enseño mis entrañas con su eterno veneno viscoso: ¡mirad lo que habéis hecho, mirad en que me habéis convertido putas zorras de mierda! Precioso, ¿verdad? Si nos hubiésemos conocido hace unos años creo que me habría enamorado de ella, ahora ya ni si quiera soy capaz de eso. Soy un cuchillo eléctrico, una flecha tensada sobre su arco, mi cuerpo apenas puede contenerme, y me cuesta tanto…

—No puedo ir.

Pone morritos de puchero, lo que me impulsa a darle una hostia y quitarle esa expresión consentida de la cara.

—De verdad… que no puedo—incluso me cuesta hablar.

—Como quieras…

Respiro hondo, cuento hasta diez. Ya pasó…todo ese odio efervescente ha pasado sobre mí y ahora se aleja en el horizonte, pero rebotará contra el fin del mundo y volverá, y tendré que volver a hacerle frente de nuevo. Estoy tan cansado de que cada jodido día de mi vida sea una lucha constante contra mí mismo, lo que siento, lo que necesito, mi naturaleza sádica y homicida. “Como quieras…” Oh no…. yo nunca he podido elegir lo que quiero, lo que deseo. Nadie puede, a eso intento encontrarle una cura, y sí, sé que es imposible, incurable, intratable. ¿Pero en qué más puedo gastar mi tiempo sino? Vivir es luchar, y yo ya he elegido a mi enemigo, y no son las mujeres, por estúpidas engreídas malcriadas egoístas putas que sean, mi enemigo es mi programación interna, la chapuza que hizo el mundo conmigo al codificarme, mi enemigo a fin de cuentas, soy yo.

20
Feb

1986

Ha habido años malos en mi vida, 1986 es sin duda uno de los peores. Nací en 1978 (tengo 29 años, pronto 30), así que tenía ocho años. Fue el año en el que eligieron Barcelona sede olímpica (recuerdo los carteles en el colegio por todas partes), y cuando me trasladé de S a E.

Según mis recuerdos era un niño bastante normal, excepto por el hecho de ser demasiado formal, callado, obediente, como un pequeño soldadito. Tenía excelentes en todas las asignaturas, los profesores me adoraban por ser tan poco revoltoso. Si en mi clase hubiese habido treinta como yo no habría hecho falta ni profesor, solo con poner instrucciones sobre lo que hacer en la pizarra habría bastado. Por suerte a esa edad ser listo y callado tampoco era un estigma social, así que era uno más, mis tres mejores amigos eran Pablo, Pedro y David, por ese orden. Pablo era al que más llegué a conocer, recuerdo vagamente su casa, y sobre todo a su madre, una mujer encantadora, al menos de puertas para fuera que nunca se sabe. Nos hacía la merienda que era algo desconocido en mi casa, no es que mi madre se negase a hacérmela, es que ni se me habría pasado por la cabeza pedírselo. Igual que con los juguetes, Pablo tenía a montones, era increíble, y yo que jugaba a los submarinos con mis bolígrafos. No era por maldad paternal, hay que reconocer que a mis padres no les sobraba la pasta, más tarde sí, pero yo solo recibía juguetes por reyes y cumpleaños. Además cuando íbamos a comprar no era de esos niños que berrea pidiendo algo, tampoco se me habría ocurrido, si no era capaz de llamar la atención de mi madre cuando me rujian las tripas menos por un trozo de plástico. A Pablo en cambio parecían lloverle del cielo, su habitación era como un parque de atracciones. Él y yo éramos como la noche y el día, yo siempre estaba callado, escuchando, a la espera, él era como una metralleta parlante hiperactiva. Pero nos llevábamos bien, recuerdo su juego de tragabolas, el juego de magia, su colección de cromos de hombres monstruo, una vez montamos un tren de la bruja con un tren por raíles que le habían comprado, le atamos con celo una linterna, pusimos piezas de tente debajo de los raíles para hacer subidas y bajadas, apagamos las luces… fue divertido. En el recreo aunque era callado también era quien solía organizar los juegos, siempre he tenido una imaginación desbordante, así que inventaba juegos como el cazafantasmas y utilizábamos ramas de los arboles como pistolas atrapafantasmas y unos hacían de cazadores y otros de fantasmas, monté cada paranoia, como un pequeño teatro. Con las niñas no me llevaba bien ni mal, excepto con X. X no era guapa, tampoco fea, de mi altura más o menos, pecosa y cara de no muy lista. Nos sentábamos juntos y aunque yo no le hacía demasiado caso muchas veces venia a jugar con nosotros, hacía asquerosas burbujas con la boca.

Una vez camino del lavabo me dijo que fuese con ella al lavabo de chicas que tenía que enseñarme una cosa. Cuando llegamos nos encerramos en el retrete y se bajó sus pantaloncitos y bragas para enseñarme un coño sin pelo. Sabía que era una cochinada y que estaba mal. Aunque a esa edad tenía la teoría de que los niños nacían de los besos, y no sabía que era el sexo, si sabía que una niña y un niño no debían estar desnudos uno delante del otro. Pero no pude apartarme, sentí como un hormigueo en el bajo vientre, no una erección, al menos no la recuerdo, sino como excitado, aunque sin saber porque. X me dijo que me agachase y se lo besase y yo lo hice. Fue solo un beso, no sabía a nada, no olía a nada. Entonces se abrió la puerta de golpe y apareció mi profesora con cara de estar bastante cabreada (era una coja de bastante mala baba), siempre he sido un tipo sin suerte, si algo podía salir mal… Por supuesto me echaron toda la culpa a mí. Yo estaba aterrado y terriblemente avergonzado. Por un lado creía que nunca sería capaz de volver a mirar a nadie a la cara después de eso, creo que fue la primera vez que sentí una extrema vergüenza, y esa sensación de ahogo en el pecho, ansiedad. También me asustaba que pasaría cuando llegase mi madre. Pero cuando finalmente vino se limitó a sonreír ante lo que le explicó la profesora, pareció divertirle más que enfurecerle. Por el camino de regreso a casa se limitó a decir que no lo hiciese más, y supongo que para torturarme un poco, que sí volvía a hacerlo seguramente el padre de X vendría y me cortaría el pito. No hace  falta decir que no me volví acercar a X, la coja por si acaso nos separó a los dos.

Es un incidente algo divertido, pero tal vez tenga más importancia de la que le dado cuando he investigado mi vida. Una represión sexual temprana a esa edad, la amenaza de la castración. Por si solo no bastaría para crear problemas pero mezclado con todo lo demás… y fue el primer ataque de ansiedad de mi vida.

Cuando se acabó el curso vinimos a E y nunca más volví a ver a X. Delante suyo siempre me sentí terriblemente avergonzado. Todo el mundo me dijo que yo era malo, y me lo creí, que le había hecho algo malo.

Si mi cazada mientras jugaba a los doctores fue un toque a mi psique, el verano que vino a continuación fue una verdadera patada a mi cabeza.

Adiós a Pablo, a Pedro, A David, en un pueblo nuevo donde no conocía a nadie. Estamos en 1986, sin internet, sin videoconsola, aunque tenía una radio, pero… Había una tele en mi casa pero era propiedad de mi madre. No tenía nada con que pasar el rato excepto mis resabidos juguetes. Recuerdo las largas tardes sin nada que hacer encerrado en casa, cuando el sol se volvía rojo y yo me tumbaba en el suelo tan aburrido que creía que me iba estallar la cabeza, sin absolutamente nada que hacer. Mi tío de mi misma edad, mi prima, estaban en el pueblo que acababa de dejar, mi hermano tenía tres años. Estaba solo, completamente solo por primera vez en mi vida, la puta que tenía en casa no cuenta, casi nunca compartíamos la misma habitación.

Para pasar el rato ese verano comencé a dibujar, no a pintar exactamente,  dibujaba una línea de terreno con sus colinas y en cada extremo iba pintando soldados que se disparaban unos a otros con ralladuras de bolígrafo, los pintaba en movimiento, a punto de lanzar una granada antes de estallar en una explosión azul de rayotes frenéticos. Eran los mismos juegos que practicaba en el patio solo que ahora los participantes eran de papel. No había un día en el que no quisiese volver, pero… nunca volveré, no solo al sitio, sino al estado de cosas, sin ideas malas, sin ataques de ansiedad, sin depresiones, sin esa bestia encerrada dentro de mí esperando a salir, no separado del resto por una frontera invisible sino unido a ellos, todo lo unido que se puede estar a los demás, cuando los días no eran una lucha constante contra mí mismo… solo una corriente por la que dejarse llevar. Se han perdido tantas cosas, desde un principio solo he ido retorciéndome cada vez más y más, una caída sin frenos hacia Dios sabe dónde.

19
Feb

¿Organizado o desorganizado?

Se definen dos grandes grupos de asesinos en serie. Los organizados o chicos guapos y listos, y los desorganizados, o chicos feos y tontos. Si tuviese que pertenecer a uno de los dos grupos no pertenecería a ninguno y a los dos, que por algo no soy ni feo ni guapo, ni listo, ni tonto, ni asesino en serie. Aunque por echarme flores, que coño, tengo más de listo que de tonto y de guapo que de feo, y de pirado homicida que de persona normal.

Los desorganizados son un desastre andante, generalmente su psique está muy tocada, oyen voces y tal y cuando en su celebro sale jackpot la sangre salpica las paredes. No matan por una razón personal, lógica, derivada de su experiencia, matan porque están como putas cabras y en ese momento creen que es lo correcto, como podrían meter los dedos en un enchufe o ponerse un gorro de papel en la cabeza. Generalmente lo dejan todo hecho un asco, con vísceras por todas partes, no son cuidadosos, no recogen sus cosas, no se follan a sus víctimas, y ni si quiera tienen en cuenta a la policía. Son bastante fáciles de atrapar, aunque si tienen la suerte de lado puede esquivar la captura durante algunos meses mientras el perro del vecino sigue dándoles instrucciones. Suelen ser unos inadaptados debido a su comportamiento errático y extraño, con vida social prácticamente nula, viven en casa de sus padres y han pasado alguna que otra temporada en una institución mental, si tienen trabajo será uno sencillo, de esos que hasta un mono podría hacer. Menos inteligentes que la media y mucho más chiflados. No acostumbran a tener antecedentes y antes de que se les vaya la castaña no tenían un comportamiento agresivo.

Los organizados son más de mi escuela, aunque no del todo, no están locos, al menos en el sentido clásico del término, son racionales, más inteligentes que la media, y matan porque… les gusta. El estándar es un tipo encantador, perfectamente normal, incluso con mujer e hijos, con gran magnetismo personal y buena labia, pero que odia a las mujeres a muerte (seguramente con razón), y disfruta como un enano haciéndoles daño. Son cuidadosos, recogen sus cosas, generalmente estudian a la policía, sus métodos y las técnicas forenses para no meter la pata, se follan a sus víctimas. Cuesta mucho más cogerlos. Aunque parecen el orgullo de la familia suelen tener antecedentes: violaciones, pequeños hurtos, tortura de animales, el gusto por la sangre ajena es algo que les viene de lejos, una constante en su vida. Tienen aptitudes pero les cuesta conservar un trabajo, por no soportar demasiado bien a los demás (aunque ocultan su odio y desprecio hacia el resto tras un rostro de aparente bondad). Cuando les cogen sus vecinos suelen soltar sorprendidos el “pero si X es una persona maravillosa, tienen que haberse equivocado de tipo”. Pero no, no se equivocan de tipo, solo que X fingía muy bien y no dejaba entrever la mierda que llevaba dentro.

Yo no soy encantador, pero sé hacerme el simpático cuando quiero, el gracioso, el payaso, no el galán pero si el payaso. Tengo algunos trazos de desorganizado, los ataques de ansiedad y eritrofobia, las visiones de sangre, el ser relativamente inadaptado, algunas fantasías demasiado viscerales. El resto es más tirando a organizado. Creo que como mínino tres podrían caer antes de que me cogiese la policía (para conseguir el título). Menos mal que no tengo ninguna intención de hacerlo… Matar está mal.

18
Feb

De amos y esclavos

 

¿Cómo ven los otros hombres a las mujeres? Siempre me he hecho esa pregunta, la verdad es imposible responderla, pero creo, por sus reacciones, que puedo hacerme una idea. Para la mayoría las mujeres son sencillamente una fuente de placer, sirven para follar. La dependencia de los hombres hacia las mujeres es una dependencia química, las necesitamos para obtener nuestras descargas de buen comportamiento (dopamina y otros). La segunda necesidad que los hombres consiguen con las mujeres es el reconocimiento social, el orgullo ante los demás de tener más hembras que nadie, se trata de una cuestión de prestigio. Me pregunto si las necesitan para algo más, si tienen necesidades emocionales solo que las saben ocultar mucho mejor que yo.

¿Qué busco yo en las mujeres? Una madre, una fuente de cariño y protección frente al mundo, un chulo como lo fue mami. En mi familia los papeles estaban algo invertidos, mami era la hembra pero era la figura dominante, la fuente de castigo y temor, papi era el hombre pero era el dominado, y nunca me pegaba. Mi madre se comportaba como un padre y mi padre como una madre. Por la noche, cuando papi llegaba de trabajar era él quien me hacía la cena, no mami. Era papi quien mostraba cierto cariño, no mami. Crecí ganándome el favor de la mama y mostrándome… como un buen súbdito ante ella, como un dominado. Y luego en las relaciones adultas intenté repetir ese esquema estrellándome contra la mayoría de las mujeres, que querían ese papel para sí. Debería haberme vuelto homosexual, todo habría sido mucho más sencillo. Pero no… (cabezota). ¿Por qué me enamoré de las mujeres? El sexo no tiene nada que ver en la elección porque es algo en mí desligado del amor y unido solo a la violencia, a la venganza. ¿Por qué me fijé en Helena y no en un chico de mi clase si de niño aprendí que las mujeres eran fuente de dolor y los hombres de cariño? Supongo que por la misma razón que las mujeres se enamoran de los chicos y no de otras chicas. Yo buscaba un buen amo, alguien que me protegiese, que me salvase del dolor, y de niño había aprendido, que eso era igual a hembra. Me enamoré de Helena esperando encontrar en ella un nuevo amo… mejor que el anterior.

Tal vez nuestras mentes puedan adoptar dos estrategias: la estrategia del esclavo (femenina) y la estrategia del amo (masculina). La estrategia del esclavo consiste en ganarse el favor del amo, no enfrentarse a él directamente y no desafiarle sino dando pena, haciéndose el gracioso, seduciendo, con diplomacia. La estrategia del amo es la fuerza bruta, él es el fuerte, el que lleva las riendas y hace que el esclavo le rinda un tributo por su protección, a cambio de hacerse en cierto modo responsable. Mi mente se configuró en modo esclavo y esperaba encontrar en las mujeres un nuevo amo, porque eso es lo que había aprendido a hacer de niño al capear el temporal de la puta chiflada. Pero las mujeres que me rodeaban no eran la zorra neurótica que tenía en casa, eran féminas más normales configuradas también para ser esclavo, no es extraño que chocásemos, yo les era completamente inútil, y ellas me eran completamente inútiles a mí porque ambos estábamos buscando lo mismo sin ofrecerlo a cambio. Si fuese homosexual podría encontrar satisfacción emocional a esa configuración buscando a otro hombre que hiciese de amo, pero… algo falla en esa ecuación. Lo cierto es que emocionalmente los hombres me dejan bastante indiferentes, en cambio basta que una chica se me acerque para que un huracán de impulsos y emociones se despierten en mi interior, es como si todo mi universo emocional se dirigiese hacia las mujeres en un torbellino imparable, y ellos en cambio me son invisibles, impermeables. Puede que porque mi padre nunca estuviese en casa, y en cambio mi madre se pasase todo el día conmigo, puede que sea una predisposición genética difícil de revertir, pero todas mis relaciones están orientadas hacia las mujeres, los hombres son algo sin sabor, sin gusto, sin olor, no son… la clave de la existencia.

En parte mi enfado con las mujeres viene, primero por no cubrir mis necesidades, y segundo porque a ellas les está permitido comportarse como esclavo, como débil protegido, pero a mí, por ser un hombre, no. Yo tengo que ser el amo, el fuerte, la roca, el proveedor, y buscar en ellas mi propia zorra, sentirme bien dominando, y necesitar de las mujeres simplemente para sexo y el orgullo de su propiedad. Pero, por culpa de una familia anómala, lo que aprendí fue a ser esclavo, y esperar de las mujeres un amo fuerte, un proveedor. Este aprendizaje chocó con la realidad, debería haber sido capaz de reaprender, pero de la misma forma que no fui capaz de reorientar mi sexualidad, tampoco fui capaz de reorientar mi configuración psíquica. Había puesto mis velas contra el viento y encima no tenía remos para girar la nave (a eso se le llama estar jodido). Tal vez el origen de las enfermedades mentales no esté solo en crecer en un entorno desadaptativo sino en algún tipo de carencia interna del cerebro para reconfigurarse, aprender, evolucionar. De todas formas era un cambio de rumbo brutal de 180º, pasar de intentar ser la puta de las mujeres a ser su chulo, un giro como ese puede romper un barco, y en mi caso lo hizo. Sencillamente el nuevo mundo que encontré fuera de mi casa iba en contra de todos mis arquetipos, creencias, costumbres, y aunque intenté interpretar ese nuevo papel que se me pedía desde fuera, me quebré, me rompí en dos incapaz de girar.

De hecho la idea de ser esclavo en si me disgusta, me disgusta pero me gusta. En mis sueños, cuando no soy el torturador, acostumbra a haber una torturadora, clavándome agujas en las rodillas, y yo siempre actúo igual, intento ganármela. Si sueño esas cosas es por una sola razón, porque me gusta, porque me excita, tanto hacer daño como que me lo hagan, la frontera es muy fina, casi inexistente. ¿Por qué sueño con la torturadora? ¿Por qué busco un ama? En cierto modo se podría decir que me encuentro cómodo en ese entorno porque me lo sé, es lo que comí de niño. Soy un buen grumete ante los demás, pero no sé ser el capitán de ninguna relación, necesito dejar ese papel a otro, y ganarme su… aprecio, ganarme la galleta y esquivar la patada, si no me llueven las hostias sencillamente me siento perdido, fuera del mapa, soy un puto que busca una chula, y eso es tan antinatural… me avergüenzo de que eso sea lo que me pide el cuerpo, eso no es lo que se supone que debe ser la relación entre un hombre y una mujer. ¡Sé un hombre me grita el mundo! Pero yo no lo soy, sigo siendo ese pequeño hijo de puta asustado, intentando ganarse el favor de su madre, no enfurecerla, no llamar al mal tiempo, y quiero que mis relaciones con las mujeres sigan ese patrón porque es lo que conozco, y puede que incluso, de hecho, admitamoslo, es lo que me gusta. Mi madre me jodió tanto que al final me acabó gustando. Pero no he encontrado entre las mujeres nadie que ocupe su lugar, y cuando se me pide que yo sea el chulo me siento insatisfecho, inseguro, fuera de mi sitio, frustrado… y la frutración (sexual) es la palabra mágica que en el caso de los hombres (por suerte no siempre) lleva al asesinato.

14
Feb

El día de los enamorados. Qué bonito.

Yo también he estado enamorado, cuando entiendes las sandeces de todas esas canciones y crees que el mundo es un lugar maravilloso solo porque existe ella. El amor, como el sentimiento religioso es un trastorno mental tan común que nadie lo considera un trastorno, pero lo es, una enfermedad mental transitoria que nos vuelve a todos aún más gilipollas. Supongo que tiene alguna utilidad práctica evolutiva, ayudarnos a tener pareja, cosa que racionalmente tal vez aprenderíamos a evitar para limitarnos a follar, si algo hace el amor es volvernos irracionales y dependientes, no muy deseable.

No siempre he facasado con las mujeres, aunque no nos hemos llevado muy bien y soy demasiado bajo e inseguro para ser popular, no soy del todo feo, y sobre todo aquellas que se sienten amenazadas por los hombres encuentran en mí a alguien… en quien confiar… un buen chico (o eso se creen). Hay algunas que me han querido y amado, o al menos eso parecía. Es una pena que nunca haya coincidido que las que yo quería me quisiesen a mí. Aunque debe ser toda una casualidad, me pregunto si en la mayoría de parejas hay alguien que ama y otro que simplemente se deja amar.

Mi amor era una experiencia intensa, arrebatadora. La sola idea de mirarle el cuello ya me hacia feliz. Pero también dolorosa, me hacía sentirme muy nervioso y culpable. Siempre he odiado y amado a las mujeres y esos dos sentimientos han chocado en mi cabeza una y otra vez, la culpabilidad es uno de sus hijos.

El amor existe, durante un tiempo al menos, y serías capaz de cualquier cosa, cualquier cosa, por ella. Luego solo queda lo de siempre. Las relaciones entre hombres y mujeres cuando no están adulteradas por el enamoramiento se reducen a un tira y afloja por ofrecer lo mínimo y conseguir lo máximo. A lo largo de toda la historia ha habido una lucha intestina entre ambos sexos para sacarse partido el uno al otro. Los hombres con sus armas, ellas con las suyas. Lo cierto es que la mejor forma de sacarle partido al otro es dejarse querer pero no queriendo, teniendo el control.

Yo buscaba en las mujeres el amor perfecto, la relación perfecta, algo que me redimiese de mi odio interior y del desastre de mi relación con mi madre, pero no hubo manera. Uno de los mayores problemas es mi poco interés por el sexo (cuando no hay violencia de por medio). Es algo más que poco interés es… incomodidad. Tal vez porque buscaba una relación casi maternal con las mujeres me… enfurecía que se restregasen contra mí, que se me insinuasen. Las pocas mujeres que me han hecho caso lo han hecho como putas, no intentaban comprenderme, o saber más de mí, o… no sé… simplemente mostraban la carne, utilizaban el gancho de su sexualidad para llamar mi atención. Supongo que sirve con la mayoría de los hombres pero no con un trastornado como yo. Siempre me ha resultado gracioso ver como se quejan de que los hombres solo piensan en follar cuando ellas es lo único que ponen sobre la mesa, lo único que saben utilizar para llamar la atención. Si no nos fijásemos en eso…. ¿En qué nos íbamos a fijar?

Respecto al sexo no es que no me guste, pero me cuesta unirlo a una persona a la que ame. Para mí el sexo es violencia y humillación, es coger a una mujer y someterla, violarla, doblegarla, solo entonces me excito. Eso es incompatible con el amor, cuando he estado enamorado era algo espiritual, asexual, maternal, era la persona, no sus tetas quienes me importaban, pero las mujeres siempre se te acercan apelando a tu polla, no conocen otra forma de conquistarte. Recuerdo a una chica, que después de llamar la atención una y otra vez y al ver que no le hacía caso acabó yéndose con otro y diciéndome al oído: “mira lo que te has perdido”. Lo que ella no podía entender es que yo no buscaba alguien que me chupase la polla o que… se me abriese de piernas. Lo que buscaba era… intimidad, esa es la palabra, conectar con otra persona, comprender a otra persona, pero sobre todo que esa otra persona intentase comprenderme a mí. Pero nunca tuvimos ese tipo de conexión, se pegaba a mí como una lapa, pero nunca me preguntó por lo que pasaba dentro de mi cabeza, que era algo que yo estaba deseando poder explicar a alguien. Una de mis fantasías recurrentes siempre ha sido encontrar a una mujer a la que le contaba mi historia, y ella la comprendía y me perdonaba, y me amaba y bla bla bla. Pero… es difícil por no decir imposible para un hombre encontrar comprensión en las mujeres, ellas no la dan, la toman, y en cantidades ingentes, a cambio de follar por supuesto. Los hombres que más éxito tienen son los buenos mentirosos que no necesitan más que sexo, los seductores que mienten, les cuentan todas las tonterías que quieren oír sobre sí mismas, les dan un poco de la falsa comprensión que todas necesitan, luego se la follan y a por la siguiente. Encajan como un guante con la forma de ser femenina: escúchame, fóllame, y luego vuelve a escucharme si quieres volver a follarme. Realmente a parte del sexo es difícil sonsacarles nada más y piden todo un mundo a cambio. Supongo que de ahí viene la palabra coñazo.

Yo no encuentro en ellas lo que busco y con el tiempo he perdido la esperanza de encontrarlo. Sé que estoy enfermo, que mi mente está rota y que debería estar chiflado por el sexo, al tiempo que ser capaz de desenredarlo de la violencia, y bueno hacer mi parte de comedia y obtener mi coños. Así funcionan la mayoría de los hombres y la cosa funciona. Pero… yo necesito algo más, como buen retrasado emocional… ¡Quiero mi mami! Y si no tengo mi mami entonces quiero arrancarles la piel a tiras a esas malditas zorras. No hay término medio. Ojalá pudiese entrar ahí dentro y cambiar mis necesidades psicológicas, pero… es lo que hay, lo que me gusta, por el lado amoroso estoy más sediento de cariño y comprensión que de sexo, y eso con las mujeres es un problema, y grave, es como ir al banco si un centavo y ofrecerte a guardar su dinero, te garantizo el no éxito al no haber comprendido la naturaleza de su institución. Y por el lado sexual… soy una máquina de matar, pffff…, no sé que es peor.

Ya no me molesto en buscar, ni si quiera me enamoro, cuando las miro veo objetos inútiles, creídos, putas… y pienso en matar, fruto de la frustración que me provoca su actitud. Eso es todo. Pero no soy peligroso, yo no creo que lo sea. A veces pienso que soy un asesino tan organizado que incluso me ahorro la fase de matar. Soy consciente de los problemas de mi mente, de mis furias, y de que matar no lleva a ningún sitio. Soy capaz de sentir empatía y aunque la forma del mundo, y de las mujeres en concreto, me cabrea, comprendo que somos parte de un gran reloj, y que… nadie es realmente libre sino víctima de su propia naturaleza. Supongo que he conseguido convertir mi odio y frustración en aceptación y resignación. El mundo no es ni bueno ni malo, no tiene sentido aporrearlo, es una televisión que no funciona, puedes estrellar tu puño contra la pantalla si quieres pero eso no va a solucionar nada, solo hacerte daño, si no tiene solución no la tiene, entretente con otra cosa. Mi relación con las mujeres no funciona, nunca ha funcionado, así que las mantengo al margen de mi vida mientras intento rellenarla con otras experiencias. El cuchillo sigue en el primer cajón, pero ya casi nunca lo miro. He borrado mis planes. Ya no parece excitante. Escribir me ayuda. También mi trabajo, que comienza a gustarme, me gusta que me valoren y me paguen (y bastante por lo que hago), no estoy sometido a muchas presiones, me llevo más o menos bien con mis compañeros de trabajo, como es un sector masculino no tengo demasiado roces con ellas, así que todo está bajo control. Mi presente está atado y bien atado. El plan A. Al final me arrepentí y me decidí por seguirlo, la calma, adoro la calma. Hace falta la perspectiva de perderla para volver a amarla. Ese es mi verdadero amor, la paz, la tranquilidad mental, sin tormentas ni arrebatos, deslizarse por la vida como un pingüino por su tobogán de hielo, sin roces, sin chispas. Sí, estoy solo, pero… ¿Quién no lo está?. Lo importante, es la paz… y la calma.

10
Feb

El fin de occidente (reloaded)

Somos como borregos, no muy diferentes de los protagonistas de “un mundo Feliz” de Aldous Huxley, vivimos en un entorno plastificado, prefabricado, artificial hemos abandonado la senda del simio para adentrarnos en el senda del humanismo exacerbado. ¿Y a dónde nos lleva eso?

Occidente es sin duda la cultura más avanzada del planeta. Con todo lo bueno y todo lo malo que ello conlleva, la historia no es una placida visita turística sino adentrarse en una peligrosa jungla sin ver una puta mierda. Nadie es capaz de predecir los peligros que nos esperan a cada paso, aunque a veces hay señales de la que se nos viene encima. El problema es que el rebaño aborregado es bastante lento, por no decir incapaz de cambiar de rumbo, incluso cuando el eco de unas titánicas pezuñas llama a la alarma sobre nuestro vecino cercano.

Personalmente, creo que no es que estemos a un paso de nuestro depredador, sino que ya estamos siendo devorados por él. Tampoco hay que ponerse tristes, las civilizaciones también son seres vivos, nacen, se expanden, joden a otras civilizaciones, y finalmente desaparecen. Llegará un tiempo en el que todo lo que somos, primero dejará de ser, y luego será olvidado. No es cuestión de si ocurrirá sino de cuando y como, mi respuesta: ahora y por nuestra propia mano.

Las sociedades no son asesinadas, se suicidan, dijo Arnold J. Toynbee, y la muerte de Occidente será un suicidio de libro. El arma para sellar nuestro destino final no será un cuchillo afilado ni una larga cuerda, será el condón y el aborto, mezclados con el egoísmo de una adolescencia eterna y la liberación de la mujer. No nacen niños, y no nacen porque los ciudadanos occidentales son unos cerdos cebados por el consumismo incapaces de cometer ningún sacrificio que arriesgue su parasitario nivel de vida, y tener descendencia requiere tantos sacrificios, demasiados para el atajo de niños grandes que somos. No nacen niños porque los hombres se sienten libres sin ellos, y las mujeres, aun más. La liberación de la mujer se ha cimentado desde el comienzo sobre la esterilidad, sobre la liberación no de la esclavitud de los hombres, sino de la esclavitud de la maternidad. No en vano la invención de la píldora y la incorporación de la mujer al mundo laboral están íntimamente relacionadas. Una madre de cuatro hijos sencillamente está demasiado ocupada para tener un trabajo estable, una madre de ninguno puede compaginar su perfectamente vida personal y laboral. Un problema de base de la liberación femenina es que esta se ha alcanzado sin que se hiciese el mínimo análisis necesario para hacerla viable, se han abalanzado sobre la nueva política sin autocritica, sin hacerse preguntas sobre su funcionamiento. Querían la liberación y la querían ya, sí o sí. Un análisis mezclado con algo de sentido común les habría enseñado que tan importante resulta conseguir una posición como luego ser capaz de mantenerla. ¿Y como va mantenerse en el tiempo una revolución cultural que va de la mano de la esterilidad? El futuro son los hijos, sin descendencia que continúe la labor de los padres… ¿Quién lo hará? ¿Si no nacen niñas, y niños, que hereden nuestras enseñanzas igualitarias, quién coño las seguirá? La respuesta fácil es la inmigración de los países menos desarrollados, y en cierta forma es una solución, al peso de la extinción de la raza blanca, pero funcional para salvaguardar nuestra cultura, el problema es que si la liberación es incompatible con la reproducción sostenible, ellos también heredaran nuestra misma tara social, con el tiempo se extinguirán, como nosotros, y la nueva solución será una nueva invasión tercermundista. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un moribundo que se desangra al mismo tiempo que recibe transfusiones de sangre? Mientras continúe entrando sangre nueva, la sociedad occidental, sino genéticamente, si culturalmente seguiría con vida a pesar de su autolimpieza étnica. ¿Pero y si la inmigración se detuviese? ¿O y si dejasen de adoptar nuestra cultura? O lo que es más probable. ¿Y si otra cultura que se reprodujese más deprisa, al no seguir los preceptos de la igualdad y la consiguiente esterilidad, acabase dominando a una mermante sociedad occidental?

Debería haberse luchado con más ahínco por una maternidad compatible con la liberación. Y si la maternidad era un problema tan importante, hoy en día es casi tratada como una enfermedad que debe “curarse” con el aborto, debería haberse desarrollado la tecnología necesaria para librar a las mujeres de ella. ¿Por qué no dejar que se encarguen de tener niños… por ejemplo, las vacas? El gobierno podría calcular cuántos nacimientos son necesarios para estabilizar a la población y proponer unos presupuestos anuales natales. La ingeniería genética podría ser nuestra aliada para diseñar vacas capaces de engendrar seres humanos, y la decisión de que códigos utilizar podría hacerse por sorteo, eliminando claro está partidas defectuosas. Una vez nacidos el estado sería el padre de los niños encargándose de su mantenimiento y educación hasta los 18, o más allá, según becas. Sin necesidad de madres, ni padres, sin necesidad de familia. Parece una idea de ciencia-ficción, y lo es, parece una idea demencial, absurda y estúpida, y lo es, pero sin una medida tan drástica y extrema como la gilipollez antes mencionada es imposible mantener una sociedad donde las mujeres se niegan a parir. Ellas deberían ser las primeras interesadas en abrir nuevas vías para la reproducción una vez la clásica ha pasado de moda, pero no parece preocuparles en absoluto la despoblación continua de la única civilización que les ha dado una oportunidad, demasiado ocupadas están chupando del bote como para preocuparse por el futuro de su movimiento. Tal vez porque nunca han tenido que enfrentarse a la tarea de no dejar que se hunda una civilización no saben ni siquiera preocuparse por el tema.

Si la baja natalidad es una de las fuentes de la autodestrucción de Occidente la otra es la baja agresividad, la feminización de la sociedad, la dictadura de la diplomacia sobre la violencia está acabando con nuestra competitividad biológica. Europa que siglos atrás era un macho dominante es ahora una puta malfollada. Sin las pelotas necesarias para plantarle cara a nadie ni adoptar las medidas drásticas necesarias para frenar ciertas situaciones su futuro es ser la putilla del Islam. Cuando ocurrió la guerra de Yugoslavia, Europa se quedó parada como una perra en una pelea de bar, esperando a que algún macho se levantase de su silla para detener el follón. Tuvo que ser Estados Unidos, uno de los pocos países occidentales en los que queda algo de virilidad quien diese un puñetazo sobre la mesa para poner las cosas en su sitio. Sin agresividad, sin natalidad, un occidente diplomático, afeminado, menguante, sin ambición, sin anhelo de conquistar, de dominar, frente a un Islam varonil, violento, expansivo, creciente y que anhela gobernar sobre el resto. ¿Quién coño crees que ganará la batalla? El trabajo de las mujeres en una civilización consiste en que cada vez halla más de los nuestros, el trabajo de los hombres es que cada vez haya menos de los suyos. Y ni ni las mujeres ni los hombres de occidente están haciendo su trabajo. Otras civilizaciones sí.

La feminización de la sociedad comenzó tras la segunda guerra mundial y sus horrores. Si un exceso de testosterona es peligroso para todos su ausencia también lo es, pero solo para ti. En este mundo de mierda en el que vivimos, a veces simplemente la diplomacia es inútil, inoperante, esta solo tiene cierta utilidad cuando tu oponente también está dispuesto a negociar. Si el muy cabrón quiere solucionar el tema a hostias, te tocará hacerlo a hostias o claudicar. La violencia es tan deleznable como necesaria. Para nuestra desgracia, Europa no está lista para partirle la cara a nadie, y el día, espero no tener que verlo, que alguien se levante para voltearle la cara, no quedará ni el más mínimo rastro de hombría entre sus ciudadanos para hacerle frente al agresor. Los valores masculinos han sido perseguidos, borrados del mapa, desde el movimiento feminista y pacifista, alegando que todo lo femenino es bueno y todo lo masculino malo. Tan solo hay que analizar las connotaciones de dos palabras simétricas como machismo y feminismo para comprobar la discriminación sexual sufrida por los hombres, su denigración y culpabilización continua a manos del eterno victimismo femenino.

¿Pero como han logrado las mujeres ponerse por encima del hombre? En la sociedad actual vivimos en una situación de desventaja frente a ellas, su mayor habilidad dialéctica y diplomática aprendida a través de siglos de camelarnos desde su inferioridad física, nos pone contra las cuerdas. Nuestro fuerte era la fuerza física, no la habilidad para conseguir cosas a base de constante verborrea, era el puño y la amenaza quien nos permitía conseguir lo que queríamos de ellas, no el chantaje emocional o sexual que ellas práctican. No es de extrañar que estemos perdiendo terreno, ahora en una sociedad feminizada y regulada hasta lo ridículo nuestra superioridad física no significa nada, mientras que las habilidades zorriles de las mujeres pueden campar a sus anchas.

Lamentablemente para ellas la especie fue pulida desde un principio siguiendo los principios de la superioridad física masculina, la dominación del macho sobre la hembra. Las mujeres sencillamente no están acostumbras a gobernar, solo a parasitar el poder de los hombres, y eso es lo que hacen incluso cuando están en el poder. Se han pegado a la sociedad occidental como una sanguijuela y no dejarán de sangrarla hasta exterminarla. No saben ni dirigir, ni expandir, solo exprimir el contenido. Si realmente tuviesen dos dedos de frente incitarían a una guerra abierta contra su principal enemigo, el Islam, instigarían su exterminación del planeta tierra, la liberación global de la mujer, a sangre y fuego… como nos hemos expandido nosotros, como hemos dominado nosotros, pero carecen de la agresividad necesaria, las agresivas fueron liquidadas por los hombres hace mucho tiempo, las mujeres después de todo son un animal domestico, perfilado igual que perfilamos al perro, no están preparadas para la vida salvaje, para la libertad.

Negro futuro el que le espera a Occidente, y negro futuro el que le espera a las mujeres, pero no será porque no se lo han buscado unos y otros.

02
Feb

Como un niño de cuatro años

Mi mente es una trampa mortal, un puzle irresoluble, un galeón de velas rotas. Y tengo que lidiar con ella todos los putos días. Muchas veces me siento como si llevase a una copia muerta de mi mismo a cuestas, parte de mi psique es un hijo no deseado, un M al que tengo que arrastrar de un lado a otro y que no sirve para nada excepto para molestar. Sé que resulta extraño intentar dividirse a uno mismo en dos partes pero realmente me siento así. La parte lógica, fría, sin emociones (útil), y la parte emocional con sus estúpidas, fantasiosas e irrealizables necesidades (inútil). Emocionalmente soy un niño de cuatro años, nunca he llegado más lejos. Como todo niño de 4 años necesito afecto, cariño, amor y una mami que se encargue de mí. Un hombre es algo más parecido a un chulo putas, y yo me parezco más a la puta. De hecho el comportamiento de las mujeres hacia los hombres es muchas veces similar al de los hijos con sus padres, desde una posición de inferioridad física y supuesta debilidad emocional juegan al chantaje emotivo (y sexual en las mujeres) para conseguir lo que quieren. ¿Quién no ha visto a una chica hacerle pucheros a su novio? ¿Quién no ha oído a una mujer quejarse de que su marido no le presta suficiente atención, qué no le muestra el cariño que ella necesita? Que las mujeres utilizan el sexo para chantajear a los hombres es algo tan obvio que no hacen falta ni ejemplos. Las diferencias en la personalidad son abundantes, y una de las principales, que a ellas les está permitido tener actitudes infantiles. A nosotros no.

Yo debería ser fuerte, independiente, seguro de mi mismo para cumplir con lo que se supone que un hombre debe ser. Pero soy inseguro, tímido, y necesitado de afecto, como un niño, como una mujer. Tal vez una posible fuente de la homosexualidad masculina sea la necesidad de sentirse protegido en la madurez, una mujer no va a cuidar de ti, otro hombre sí, o tal vez la propia sensación de inadecuación para representar el rol de hombre. Comportarte como un niño de 4 años y que te gusten las mujeres solo te lleva a una eterna frustración, ellas te ven como un inútil incompetente, como un hombre inacabado, poco práctico. Estás ofreciendo muy poco a cambio del coño y eso cuando se trata del sexo femenino es un crimen de guerra. La frustración al no obtener lo que quieres (amor, protección, cariño, y tu parte de sexo), lleva a la ira. Los hombres son mucho más agresivos que las mujeres, solo hay que ver el número de presos contra el de presas, de asesinos en serie comparado con el de asesinas en serie. ¿Cuántas chicas con problemas en la adolescencia se presentan en su colegio armadas hasta los dientes y dispuestas asesinar a todo el mundo? En lugar eso se suicidan de forma callada sin una explosión externa. Nosotros somos diferentes, intentamos doblegar al mundo a través de la agresividad, no de la diplomacia. Las mujeres al estrellarse continuamente contra la superioridad física de los hombres han optado por la negociación con el otro, nosotros por aplastarlo, aniquilarlo y quitarlo de en medio para siempre.

Un hombre adulto puede conseguir fácilmente sexo con una mujer, por 50 € tienes a una rumana que hará lo que tú le digas. Pero conseguir aprecio, afecto, amor, reconocimiento, respeto, conseguir todo aquello que uno espera de una madre cuando se es mayor es una quimera. Las mujeres buscan su propio chulo, así que lo único que vas a conseguir es tener tu propia puta, nada más. Debería ser suficiente con eso, de hecho para la mayoría de los hombres lo es, y su interrelación con las mujeres a través del mercadeo del sexo (tú te dejas follar, yo te protejo, te cuido, te mimo) funciona perfectamente. Pero en mi caso, y por culpa de una infancia carente de afecto, intento que sea algo a dos bandas, yo cuido de ti, y tus cuidas de mí, yo te mimo y tú me mimas. Es una perspectiva bastante desagradable para ellas y poco económica., ¿Por qué se iban a molestar en hacer ese esfuerzo cuando a mi lado hay un tío que lo único que espera de ellas es que se abran de piernas? Gran parte de la dependencia de las mujeres sobre su atractivo físico se debe a que es el único activo que ponen sobre la mesa, sobre todo hoy en día cuando no son ni chachas ni madres.

La creación de un asesino en serie debe estar íntimamente relacionada con una frustración constante en las relaciones con las mujeres. En el mercado solo encuentran sexo cuando lo que buscan es cariño. La evolución psicológica del hombre debe haberse detenido, fallado, en algún momento para llegar a ese extremo. Por supuesto este no es el único condicionante, sino yo también sería un asesino, y no lo soy, por si las dudas. Hace falta además cierto grado de impulsividad, de debilidad en el lóbulo frontal, y detonantes lo suficientemente poderosos como para que la ira sea quien domine la consciencia.